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Un atisbo de felicidad

DUBAI – Estoy encantada de participar en la celebración de este año del Día Internacional de la Felicidad. Sin embargo, para ser honesta, prefiero centrar mi atención en los demás 364 días del año. Después de todo, trabajo en el tema de la felicidad.

En todo el planeta ha habido una serie de iniciativas que intentan ir más allá del PIB y los datos sobre escuelas o camas de hospital para medir el éxito de un país en términos de gobierno y desarrollo. En un país que ha dedicado las pasadas cinco décadas a construir una economía desde cero, el gobierno del que formo parte sabe bien que estas cifras no lo son todo, si bien son un índice del grado avance hacia el desarrollo.

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En 2011, la ONU pidió a los estados miembros poner más énfasis en la felicidad y el bienestar en sus planes para avanzar hacia un mayor desarrollo social y económico. Desde entonces, una buena cantidad de países se han dado cuenta de que tiene mucho sentido que sus objetivos de gobierno se articulen alrededor de la felicidad.

En los EAU hemos reconocido, tal como otros lo están haciendo, que necesitamos puntos de referencia para la gobernabilidad que expresen verdaderamente lo que entendemos por éxito. No se trata sólo de preguntarnos si prestamos servicios adecuados y trazamos políticas económicas sólidas para nuestro pueblo, sino si avanzamos en dirección a su felicidad. Por supuesto, para lo uno es necesario lo otro, pero esto también implica ir más allá de las estadísticas y comprender que todos tenemos nuestras propias esperanzas, temores y aspiraciones.

En los EAU nos tomamos en serio la felicidad, y hacia ella apuntan todas nuestras medidas de gobierno; por ejemplo, fomentar que las empresas del sector privado le den valor en sus operaciones cotidianas. Implica formular estrategias, programas y políticas nacionales para aumentar la felicidad, y luego medir nuestros logros de forma constante.

Pero, ¿qué es exactamente este indicador que llamamos felicidad? No es un momento de placer pasajero ni una condición constante. Es un estado del ser más allá de la satisfacción, una alegría floreciente y envolvente.

Felicidad es saber que uno y su familia están seguros, que hay oportunidades para nosotros y nuestros hijos, y que se puede esperar de  la sociedad donde se vive un alto grado de atención, dignidad y justicia. No es algo que se reciba desde arriba: todos debemos trabajar para alcanzarla. Pero, tal como lo veo, nuestro papel en el gobierno es crear un entorno que la haga posible y una actitud positiva para el desarrollo de óptimas condiciones de vida.

Los retrocesos o las frustraciones en nuestra vida no implican necesariamente la pérdida de la felicidad, que depende más bien del modo en que uno –así como quienes nos ayudan- supera los obstáculos. Por tanto, la felicidad implica un compromiso de ayudar a los demás, así como asumir la responsabilidad de nuestras propias decisiones para proceder de manera constructiva y optimista. En mis diez años de trabajo en el gobierno no me he encontrado en ninguna situación que no se pudiera afrontar con una sonrisa, consideración y un toque de positividad. La felicidad es algo que me tomo muy en serio y creo en ella con pasión.

La felicidad no se puede obligar, exigir ni imponer, sino fomentarse y nutrirse. Requiere un cambio de mentalidad que pase a apuntar al logro de resultados constructivos, y se experimenta a nivel tanto individual como colectivo.

¿Cómo vamos al respecto en los EAU? Es pronto todavía (llevo poco más de un mes en el cargo), pero ya tenemos un plan de 100 días y un conjunto claro de tareas por delante. Hemos definido directrices para la elaboración de políticas en todo el gobierno y comenzado a crear estructuras de coordinación entre las entidades gubernamentales y de definición de nuevos enfoques para los diversos servicios y su prestación. También estamos desarrollando instrumentos de evaluación y referencia para formular y supervisar indicadores de felicidad medibles.

Necesitamos, además, que el sector privado se una a nuestros esfuerzos por situar la búsqueda de la felicidad al centro de la agenda nacional. En uno de los mercados de trabajo más diversos del mundo -en los EAU vive gente procedente de hasta 200 nacionalidades- debemos asegurarnos de que, más allá de actuar dentro de los marcos legislativos y normativos apropiados, los empresarios de nuestro país lo hagan por su propio interés.

Del mismo modo que el PIB no es el único elemento de referencia para definir el éxito de un país, por sí solas las utilidades no pueden definir el éxito de una empresa. Vivimos en un mundo conectado y social en que las opiniones, las noticias y la información se desplazan a la velocidad de la luz. La felicidad es una ventaja competitiva. De hecho, es central para la marca de una empresa.

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Ese espíritu está dentro de cada uno de nosotros, y al celebrarlo y fortalecerlo podemos aspirar a ofrecer paz, seguridad, tolerancia, positividad y respeto. Podemos trabajar juntos para crear un entorno en que la gente pueda prosperar de verdad y aspirar a desarrollar todo su potencial humano. Todos podemos ser parte de una comunidad unida por el deseo de compartir el don de la felicidad.

Traducido del inglés por David Meléndez Tormen