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Turquía al rescate de la UE

LAUSANA – La Conferencia sobre Cambio Climático de Copenhague fue un desastre absoluto para la Unión Europea. En lugar de que la UE ocupara el centro de la escena, tal como suponían sus líderes, los actores clave fueron Estados Unidos, Brasil, Sudáfrica, India y China. De hecho, cuando se alcanzó el acuerdo, la UE ni siquiera estaba presente en la sala. Copenhague expuso la desaparición de Europa no sólo como potencia global, sino incluso como árbitro global.

¿Qué le queda, entonces, a la UE? Mientras su ampquot;poder duroampquot; retrocede, su ampquot;poder blandoampquot;, como quedó ilustrado en la cumbre de Copenhague, parece ser muy débil. Esto, en parte, surge del hecho de que no se le diera poder político a la UE.

El Tratado de Lisboa fue un acuerdo constitucional mutuo que de todas maneras le daría a la UE mayor peso y autoridad precisamente para ocasiones como la cumbre de Copenhague, cuando se abordan cuestiones globales. Si bien múltiples actores europeos en la escena mundial estaban más que justificados en los viejos tiempos, ya no es el caso. Con China, India, Estados Unidos, Indonesia, Brasil y otros actores globales importantes que hablan con una única voz, Europa ya no podría permitirse una cacofonía de voces.

Pero en Copenhague, la estructura establecida por el Tratado de Lisboa fracasó.