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La espiral de muerte de Turquía

BISHKEK – La serie de atentados terroristas que han azotado a Turquía en el último año hunden al país -alguna vez considerado un modelo democrático y secular para Oriente Medio- en una espiral de muerte en el preciso momento en que su pueblo votará una nueva constitución el mes próximo. El turismo -que anteriormente representaba más del 10% del PIB de Turquía- se está debilitando y la inversión extranjera directa va camino a desacelerarse considerablemente. Estas consecuencias se reforzarán mutuamente y producirán un círculo vicioso difícil de detener.

Los medios controlados por el gobierno y grandes franjas de la población en Turquía ven la mano perversa de Occidente en la situación crítica del país. Los observadores suelen culpar de la situación cada vez más delicada de Turquía a su incapacidad de reconciliar el Islam tradicional y las tendencias occidentales modernizadoras, así como a acontecimientos externos, como el conflicto en Siria. Pero las decisiones del presidente turco, Recep Tayyip Erdoğan, también han contribuido a que Turquía resulte tan vulnerable al terrorismo.

La primera decisión de este tipo que tomó Erdoğan, motivada por su deseo de ver colapsar el régimen del presidente sirio, Bashar al-Assad, fue permitir que combatientes, incluidos reclutas de Estado Islámico, atravesaran la frontera sur de Turquía para ingresar a Siria con relativa libertad. No supo ver plenamente el peligro que estos combatientes representaban para la propia seguridad de Turquía, en especial porque muchos de ellos se sumaron a grupos asociados a islamistas que son tan hostiles a Turquía como a Assad. 

La segunda decisión fatídica de Erdoğan fue relanzar una guerra civil intermitente con la población kurda de Turquía. En los primeros años de su presidencia, Erdoğan se acercó a los kurdos y más o menos logró frenar las hostilidades activas.