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El nuevo rumbo de Turquía

CHICAGO - Últimamente Turquía ha estado en el primer plano de los debates internacionales de economía y política. Por un lado, a pesar de la crisis económica que envuelve a la vecina Europa, nuestro país sigue siendo la segunda economía de más rápido crecimiento después de China. Por otro lado, casi no hay tema en la agenda mundial -de Irak y Afganistán a Somalia, Irán y la Primavera Árabe, y del desarrollo sostenible a un diálogo entre las civilizaciones- en el que Turquía no tenga un papel visible.

Se trata de un fenómeno bastante nuevo. Hasta hace una década, nuestra nación era vista como poco más que un firme aliado de la OTAN. Sin embargo, esto comenzó a cambiar en 2002, cuando se inició una era de estabilidad política, dando lugar a la visión de una Turquía más fuerte y un firme compromiso con hacerla realidad.

Con este fin, desde el año 2002 los gobiernos turcos han llevado a cabo audaces  reformas económicas que allanaron el camino a un crecimiento sostenible y proporcionaron protección frente a la crisis financiera que estalló en 2008. Como resultado, en menos de una década el PIB se ha triplicado, convirtiendo al país en la decimosexta mayor economía del mundo. Lo que es más: el país se beneficia de sólidas finanzas públicas, una política monetaria prudente, una dinámica sostenible de la deuda, un sistema bancario fuerte y el buen funcionamiento de los mercados de crédito.

Al mismo tiempo, hemos ampliado el alcance de los derechos individuales, que por largo tiempo habían estado subordinados a problemas de seguridad. Hemos racionalizado las relaciones cívico-militares, garantizado los derechos sociales y culturales, y prestado atención a los problemas de las minorías étnicas y religiosas. Estas reformas transformaron a Turquía en una democracia vibrante y una sociedad más estable, en paz consigo misma y capaz de ver su entorno externo bajo una luz diferente.