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El rostro moderno, musulmán de Turquía

Hace poco, Turquía recibió, de manos de Gran Bretaña, el control de las Fuerzas Internacionales de Asistencia para la Seguridad en Afganistán. Como de costumbre, casi nadie se dio por enterado. Los problemas de Turquía (sean crisis financieras o la enfermedad actual del primer ministro Bulent Ecevit) son los que acaparan los titulares. Sus éxitos y contribuciones quedan relegados a las páginas interiores de los periódicos internacionales, si es que se mencionan siquiera.

No obstante, en el mundo forjado por los ataques terroristas en contra de Estados Unidos del año pasado, la identidad y las elecciones y alianzas que hizo Turquía en su histórica búsqueda por modernizarse han adquirido un mayor significado que nunca. El liderazgo turco de las fuerzas de paz en Afganistán, algo que es enormemente popular entre los turcos, subraya una vez más el hecho de que Turquía es la única nación musulmana que es miembro de la OTAN.

La posición de Turquía, entre el Islam y Occidente, hace que las políticas interna e internacional del país resulten fascinantes. En efecto, muchos turcos consideran al desarrollo de su país como una respuesta convincente ante cualquier noción de un "choque de civilizaciones" entre el Islam y Occidente.

La lógica del apoyo turco a la guerra de Estados Unidos contra el terrorismo apareció en seguida . Muchos turcos vieron en los ataques en contra de los EU la justificación a sus esfuerzos, durante décadas, por atraer la atención mundial (y en particular la europea) hacia el flagelo del terrorismo. Al apoyar las operaciones estadounidenses en Afganistán y condenar al mismo tiempo los intentos por envilecer al Islam, el gobierno logró reconciliar los intereses estratégicos de Turquía con sus sensibilidades religiosas.