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Por qué Turquía no desarrollará la bomba atómica

ESTAMBUL – Suele darse por sentado que si Irán llegara a desarrollar armas nucleares, Arabia Saudita, Turquía y tal vez Egipto irían tras sus pasos. En un discurso en el Congreso de los Estados Unidos a principios de marzo, el primer ministro israelí Benjamín Netanyahu llegó incluso a asegurar que el mero hecho de permitir a Irán un programa de enriquecimiento de uranio “dispararía una carrera armamentista nuclear en la región más peligrosa del planeta”.

Cada uno de estos posibles “efectos dominó” nucleares merece analizarse por separado y detenidamente; pero al menos en el caso de Turquía, lo que se da por sentado no parece correcto.

Turquía ya tiene un programa de energía nuclear incipiente. Tras décadas de inicios en falso, el gobierno turco firmó en 2010 un contrato con Rusia para la construcción y operación de la primera planta de energía nuclear del país. El proyecto, situado en la costa turca del Mediterráneo, ya está en construcción.

Los intentos del gobierno turco de arreglar con otros proveedores internacionales se complicaron porque Rusia le ofreció condiciones mucho mejores que la competencia. Aun así, Turquía está negociando con un consorcio franco‑japonés para la construcción de una segunda planta de energía nuclear en la costa del Mar Negro.