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Consecuencias estratégicas del intento de golpe en Turquía

ESTAMBUL – Todo derrocamiento de gobiernos electos por parte de los militares suele desatar un vendaval de análisis sobre la dirección futura del país afectado tras el quiebre de la institucionalidad democrática. Pero los golpes fallidos pueden ser igual de trascendentes. La intentona de elementos del ejército turco de derrocar al presidente Recep Tayyip Erdoğan incidirá profundamente en las relaciones de Turquía con el extranjero y su papel regional en el futuro. Particularmente afectada resultará la relación con Estados Unidos.

El intento de golpe preanuncia una nueva y difícil fase en la relación turco‑estadounidense, porque las autoridades turcas lo vincularon con Fethullah Gülen, un predicador islámico que aunque está radicado en las afueras de Filadelfia desde 1999, tiene una base de seguidores en Turquía.

A Gülen ya se lo había acusado de montar una estructura paraestatal, especialmente dentro de la policía, la justicia y el ejército. Más cerca en el tiempo, las autoridades turcas calificaron al movimiento gülenista de organización terrorista, rótulo que cobra nuevo significado tras el golpe fallido. Pero a pesar de que cada vez hay más pruebas contra Gülen y sus seguidores, la impresión en Ankara es que EE. UU. sigue negándose a limitar las actividades de su red, que incluye numerosas escuelas y organizaciones civiles.

Esta red permite a los gülenistas recaudar fondos considerables, que según las autoridades sostienen operaciones ilícitas de sus afiliados en Turquía. Eso llevó a que la permanencia de Gülen en Pensilvania se haya vuelto no solo tema de conflicto en la relación bilateral, sino también fuente importante de creciente antiamericanismo en Turquía.