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Turquía, Armenia y la carga de la memoria

Todas las guerras acaban, tarde o temprano, pero los recuerdos de las atrocidades nunca parecen disiparse, como nos recuerdan los disturbios antijaponeses, alentados por el Gobierno, que se están produciendo ahora en China. El 90º aniversario de las matanzas de armenios en 1915, ordenadas por los Jóvenes Turcos que gobernaban el Imperio Otomano y con la ayuda de los kurdos, representa otra herida que no sanará, sino que se debe tratarla para que el avance de Turquía hacia la adhesión a la Unión Europea prosiga sin problemas.

Se cree que el genocidio armenio inspiró a los nazis sus planes para la exterminación de judíos. Sin embargo, en comparación con el Holocausto, muy pocos saben lo suficiente sobre aquel negro episodio.

En realidad, a la mayoría nos resulta difícil imaginar la escala de sufrimiento y devastación infligida al pueblo armenio y sus ancestrales tierras natales, pero muchos miembros de la diáspora armenia en el mundo, actualmente muy próspera, tienen antepasados directos que perecieron y continúan una tradición histórica oral que mantiene los recuerdos incandescentes.

Resulta particularmente irónico que muchos kurdos de las provincias sudorientales de Turquía, tras recibir la promesa de apoderarse de propiedades armenias y de contar con un lugar garantizado en el cielo por matar a infieles, fueran de buen grado cómplices en el genocidio. Después se encontraron en el bando perdedor de una larga historia de violencia entre sus propias fuerzas separatistas y el ejército turco, además de verse sometidos a una política permanente de discriminación y asimilación forzosa.