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Es la economía, Túnez

TÚNEZ – El 21 de diciembre, Túnez completó una notable transferencia democrática del poder, con la elección de Beji Caid Essebsi, el líder del partido político secular Nidaa Tounes ("la llamada de Túnez"). Como sucedió con la elección parlamentaria de octubre, el proceso de elegir un presidente fue, en su mayor parte, justo y libre de violencia.

Por el momento, Túnez es el único país de la Primavera Árabe que parece estar encaminado hacia una genuina gobernancia democrática. Desde el derrocamiento del presidente Zine el-Abidine Ben Ali en 2011, el país ha sufrido presiones de los radicales islámicos, un deterioro de su economía y un período de transición caótico. Pero también redactó y adoptó una nueva constitución estructurada para alentar la separación y el equilibrio de los poderes, y parece en buen camino para llevar adelante un cambio exitoso de gobierno.

Túnez es un país relativamente homogéneo desde un punto de vista étnico y carece de divisiones sectarias pronunciadas; sin embargo, debido en parte a sus fronteras porosas con Argelia y Libia, el espectro de violencia siempre está presente. De hecho, la cuestión de la seguridad dominó tanto las elecciones parlamentarias como las presidenciales. Todas las partes decían ser las más calificadas para contrarrestar el extremismo. Detrás de la elección presidencial acechaba el miedo en algunos sectores de que una victoria de Nidaa Tounes, que ganó una pluralidad en el parlamento, pudiera implicar el retorno a un régimen autoritario.

Dadas las preocupaciones sobre la seguridad y el destino de la transición democrática, las cuestiones económicas quedaron de lado en ambas elecciones. Ahora llegó el momento de que los líderes de Túnez pongan la economía en el tope de su agenda.