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La “verdaderosidad” en marcha

LONDRES – Como bien señalara el difunto senador estadounidense Daniel Patrick Moynihan: "Todo el mundo tiene derecho a su propia opinión, pero no a sus propios hechos". Tal vez sea verdad. Pero, con derecho o no, los políticos y los electorados están construyendo sus propias realidades alternativas -con consecuencias de gran magnitud.

Hoy en día, los hechos y la verdad son cada vez más difíciles de sostener en la política (y en los negocios, y hasta en el deporte). Están siendo reemplazados por lo que el comediante norteamericano Stephen Colbert llama "verdaderosidad": la expresión de opiniones o sentimientos instintivos como declaraciones válidas de la realidad. Este año podría considerarse como un año de altísima verdaderosidad.

Para tomar buenas decisiones, los votantes necesitan evaluar hechos confiables, desde datos económicos hasta análisis sobre el terrorismo, presentados de manera transparente y sin sesgo alguno. Pero, hoy, los comentaristas de televisión prefieren atacar a quienes son expertos en estas áreas. Y las figuras políticas ambiciosas -desde los líderes de la campaña por el Brexit en el Reino Unido hasta el candidato presidencial republicano en Estados Unidos, Donald Trump- directamente descartan los hechos.

El contexto es propicio para ese tipo de actitud. Los votantes, particularmente en las economías avanzadas, están hastiados de años de promesas políticas incumplidas, de revelaciones de encubrimientos y de una campaña política y mediática implacable. Acuerdos turbios o dudosos pusieron en tela de juicio la integridad de organizaciones e instituciones en las que deberíamos poder confiar. Por ejemplo, el New York Times recientemente publicó una serie de artículos sobre grupos de expertos que destacaban el conflicto de intereses que enfrentan quienes operan como analistas, pero están en deuda con proveedores de fondos corporativos y a veces también actúan como lobistas.