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Confiar en la negociación, no en el Irán

El acuerdo por el que Corea del Norte ha aceptado abandonar su programa nuclear ha sido un gran éxito para la comunidad internacional. Desde luego, las espantosas condiciones económicas del país y su urgente necesidad de energía han hecho que se trate de un acuerdo, en cierto modo, venal, pero no por ello ha dejado la decisión de Corea del Norte de demostrar las virtudes y la eficacia de la diplomacia, lo que nos hace volver una vez más a abordar el caso del irán.

El Presidente francés Jacques Chirac dio a entender recientemente que no debemos sobreestimar la gravedad de la posesión de armas nucleares por parte del Irán. No estoy de acuerdo. Es cierto que poseer no significar usar, que durante quince años el mundo ha tenido ocho potencias nucleares y que desde 1945 no se ha recurrido a la fuerza nuclear, pero también lo es que el surgimiento del Irán como novena potencia nuclear representaría un cataclismo regional y mundial, agravaría peligrosamente los miedos y sospechas y colocaría a la comunidad internacional ante una crisis profunda en relación con sus concepciones y sus políticas.

Así, pues, ¿qué podemos hacer? En primer lugar, recurrir a la fuerza no es, sencillamente, realista. Un ataque nuclear tendría consecuencias incalculables y el mundo musulmán se mantendría unido en ese caso. Como tampoco es posible un ataque tradicional, pues Israel no tiene una frontera común con el Irán y la mayor parte del ejército americano está ocupado en el Afganistán y el Iraq.

Así, pues, resulta absolutamente necesario explorar las vías diplomáticas. Si la comunidad internacional –y, en particular, los Estados Unidos- entiende claramente y reconoce su necesidad y las apoya firme y completamente, el éxito estaría garantizado. Por ejemplo, se podrían endurecer las sanciones económicas, a las que el Irán es muy sensible, con el compromiso de no recurrir a la fuerza militar, que facilitaría la aprobación de Rusia y China.