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Donald Trump y la sensación de tener poder

NEW HAVEN – El presidente electo de los Estados Unidos Donald Trump llevó a cabo su campaña electoral, en parte, sobre la base de su propuesta de reducción drástica de impuestos para aquellos con altos ingresos, un grupo cuyos miembros a menudo, también, reciben educación de élite. Y, sin embargo, el apoyo más entusiasta a este candidato tendía a venir de aquellas personas con ingresos medios y estancados, y niveles de educación bajos. ¿Cómo se puede entender esto?

La victoria de Trump claramente parece provenir de la sensación de impotencia económica que tienen sus seguidores, o de un miedo a perder poder. Para ellos, el eslogan simple de Trump: “Hagamos a América grandiosa otra vez” les suena a “Hazte TÚ grandioso otra vez”: se dará el poder económico a las multitudes, sin quitar nada a quienes ya son exitosos.

Aquellos que están en el lado desventajado de la creciente desigualdad económica, generalmente, no quieren que las políticas gubernamentales aparenten ser limosnas. Por lo general, no quieren que el gobierno haga que el sistema tributario sea más progresivo, no quieren que se imponga impuestos que castiguen a los ricos, con el propósito de darles a estas personas desventajadas ese dinero. La redistribución les hace sentir humillados. Les hace sentir que están siendo etiquetados como un fracaso. Les da una sensación de inestabilidad. Les hace sentir atrapados en una relación de dependencia, que podría colapsar en cualquier momento.

Los desesperadamente pobres pudiesen aceptar limosnas, porque se sienten obligados a hacerlo. Sin embargo, para aquellos que se consideran, como mínimo, miembros de la clase media, cualquier cosa que les huela a limosna no es deseable. En cambio, lo que ellos quieren es recuperar su poder económico. Quieren estar en control de sus vidas económicas.