Peter Kovalev/Getty Images

¿Otro borrón y cuenta nueva con Rusia?

LONDRES – Las interrogantes sobre la relación de Occidente con Rusia se han visto sepultadas por las noticias en los medios de comunicación sobre piratería informática, escándalos sexuales y posibles chantajes. El expediente del ex espía británico Christopher Steele sobre las actividades del presidente de Estados Unidos Donald Trump en Moscú hace unos años puede llegar a ser tan creíble como las afirmaciones sobre que Saddam Hussein poseía armas de destrucción masiva – o quizás no. Simplemente no sabemos. Lo que está claro es que estas noticias han distraído la atención de la tarea de tender un puente sobre el abismo diplomático que ahora divide a Rusia y Occidente.

Para un occidental, incluso para uno de ascendencia rusa como yo, se le hace difícil sentir cariño por la Rusia de Vladimir Putin. Yo odio la forma en la que su gobierno ha utilizado la ley del “agente extranjero” para hostigar y cerrar en los hechos las ONG. Odio sus abusos de los derechos humanos, los asesinatos, las trampas sucias y los procesamientos criminales para intimidar a los opositores políticos.

Lo que parece indiscutible es que la Rusia antiliberal y autoritaria de hoy en día es un producto tanto de la corrosión de las relaciones con Occidente como de la historia rusa o de la amenaza de desintegración que Rusia enfrentó en la década de 1990.

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