BRENDAN SMIALOWSKI/AFP/Getty Images

La compulsión ludópata de Trump

NUEVA YORK – En la reunión cumbre con el presidente estadounidense Donald Trump que mantuvo este mes en Helsinki, el presidente ruso Vladimir Putin demostró que sigue siendo un maestro del arte que perfeccionó en los ochenta, cuando era un agente soviético en Alemania del Este. Ante la impasible mirada de miembro entrenado de la KGB de Putin, Trump se desinfló.

Después de la reunión, declaró que le creía a Putin cuando este le dijo que Rusia no tenía motivos para interferir en la elección presidencial de 2016 (contra lo que afirman las agencias de inteligencia de Estados Unidos). Muchos miembros del aparato de seguridad estadounidense, políticos demócratas e incluso algunos republicanos salieron enseguida a criticarlo. Paul Ryan, presidente republicano de la Cámara de Representantes, dijo que Trump “debería darse cuenta de que Rusia no es nuestro aliado”. Algunos llegaron a denunciar la conducta de Trump como “traición”.

Trump, como siempre, dio marcha atrás; dijo que había articulado mal una “doble negación”, y que lo que quiso decir fue: “No veo ningún motivo por el que no pueda haber sido Rusia”. Pero después, en otra de sus jugadas características, relativizó su retractación: “También pudieron ser otros. Hay muchos otros por ahí”. Ahora Trump dice que si Rusia interfiere otra vez, será para ayudar a los demócratas.

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