Si Trump gobernara Venecia

SAN JOSÉ, CALIFORNIA – Marco Polo, el famoso mercader veneciano del siglo XIII, fue uno de los primeros europeos que comerció con China. Imaginemos ahora que, pasado cierto tiempo, el estado veneciano hubiera empezado a temer que Polo estuviera comprando demasiadas sedas y especias de China para revenderlas en Europa. En opinión de las autoridades, el “déficit comercial” así creado planteaba el riesgo de agotar el oro de Venecia, al tiempo que se creaban empleos para los chinos, en vez de los venecianos.

En esta historia imaginaria, Venecia reúne un consejo de expertos para decidir si los riesgos del déficit comercial justifican represalias, en la forma de aranceles, cuotas o incluso la prohibición de comerciar con China. En las deliberaciones del consejo surgen dos teorías opuestas.

Un grupo (los “mercantilistas”) sostiene que el Estado tiene la responsabilidad de maximizar las existencias de oro y proteger el empleo manufacturero local, apelando para ello a imponer aranceles, restringir el uso de oro con fines de importación y obligar a China a comprar a Venecia la misma cantidad de bienes que esta compra a China. Si China se niega, se aplicarán restricciones a las compras de Polo.

El segundo grupo, liderado por Adamo Fabbro, suscribe el argumento del laissez faire, según el cual el Estado debe evitar la intervención en los mercados. Al comprar bienes a China, Polo promueve el bienestar económico en Venecia: los consumidores consiguen bienes que no podrían comprar en el mercado local (al menos, no tan baratos) y los mercaderes pueden revender bienes chinos con un margen de ganancia. Aunque se pierdan empleos manufactureros, se ganan empleos en las tiendas, y aumenta el gasto, no sólo en bienes chinos sino también en productos locales e inversiones.

En cuanto al agotamiento del oro veneciano, Fabbro ofrece una solución ingeniosa: emitir un papel moneda, el dólar veneciano (V$), que otros países tal vez querrán aceptar, por ser Venecia la principal potencia comercial del mundo. China ya no recibirá oro veneciano, pero podrá usar los V$ para comprar bienes a Venecia, lo que impulsará las manufacturas locales. A fin de preservar el valor (y la credibilidad) del V$, Fabbro propone instituir un banco central que gestione la oferta de dinero y prevenga un exceso de inflación.

La idea convence a los líderes venecianos, que implementan las recomendaciones de Fabbro; y tal como este predijo, Venecia se convierte en la principal potencia del mundo, gracias al comercio floreciente, el veloz crecimiento económico y una extendida prosperidad, todo ello posibilitado por la libertad de mercado.

Subscribe now

Exclusive explainers, thematic deep dives, interviews with world leaders, and our Year Ahead magazine. Choose an On Point experience that’s right for you.

Learn More

Cada año, un gran mercader veneciano, Walmartius, compra 50 000 millones de V$ en bienes chinos para revenderlos en Venecia; esta actividad sostiene la creación de miles de empleos de venta minorista en la ciudad y abarata costos para los consumidores venecianos. Otro mercader, Appleos, diseña en Venecia bienes de alta tecnología y los fabrica en China, lo que permite a la compañía alcanzar un valor de mercado de un billón de V$.

Aunque el déficit comercial crece, a Venecia no le cuesta nada, porque está denominado en la divisa veneciana, a cambio de la cual otros países ofrecen libremente sus propios bienes. De hecho, en poco tiempo, la totalidad del comercio internacional se realiza en V$, al que todos aceptan como sustituto del oro.

Gracias a la fiable labor del banco central veneciano para prevenir la depreciación del V$, la confianza en la moneda no deja de crecer, y se crea un círculo virtuoso. Pronto todos los países del mundo están comprando bonos en V$ para sumarlos a sus reservas internacionales, con lo que en la práctica financian el cuantioso déficit fiscal veneciano. Esto permite a Venecia sostener grandes programas públicos y mantener el ejército más grande del mundo, de modo que profundiza su influencia internacional, mientras lidera la fiscalización global de reglas comerciales y la protección de los corredores marítimos.

Este venturoso estado de cosas continúa por varios siglos. Aunque se pierden empleos de menor valor agregado en sectores como la manufactura que se trasladan a China (donde el costo de la mano de obra es menor), en Venecia florece el empleo en sectores de más valor agregado (como tecnología, finanzas, medios y venta minorista). Venecia sigue siendo la economía más grande del mundo y su principal potencia comercial, dueña de una posición asegurada en la cima de las cadenas de valor globales.

Hay ocasiones en la historia en que es posible individualizar el momento exacto en que las cosas cambian para peor. En este relato, ese momento se produce con el surgimiento de Donaldo Trumpi como gobernante de Venecia.

Trumpi sabe muy poco de economía. Es más un actor que un político, y está ansioso por conseguir votos como sea. Observa que algunos venecianos deploran la pérdida de empleos manufactureros (carecían de habilidades o flexibilidad para pasarse a sectores de mayor valor agregado) y lo aprovecha. Asegura que el déficit comercial equivale a una pérdida económica (casi un robo) y declara que China es el enemigo.

Algunos de los asesores de Trumpi tratan de explicarle cómo funciona el déficit comercial en una economía que tiene la enorme ventaja de poseer la principal moneda de reserva del mundo. Le dicen que cuestionar el déficit comercial supone el riesgo de que el V$ pierda esa condición. Además, el déficit veneciano asciende a apenas el 3,4% del inmenso PIB de Venecia. Le explican que readoptar el mercantilismo puede alentar a que otros estados hagan lo mismo, lo que tal vez implique la creación de una moneda de reserva alternativa por medio de una institución global. Le dicen que sólo entonces el déficit comercial de Venecia será un problema. El gobierno se verá obligado a reducir el gasto (incluido el militar), lo que condenará la economía a una recesión y debilitará la influencia internacional de Venecia.

Pero Trumpi no quiere escuchar. Siglos después del abandono del mercantilismo y su reemplazo por políticas de laissez faire sumamente exitosas, Trumpi decide readoptarlo e imponer aranceles a los socios comerciales de Venecia, empezando por China. Y la historia termina más o menos como pensaban sus asesores.

Las acciones de Trumpi debilitan el orden económico global basado en reglas que tanto benefició al mundo y a Venecia. Al final, el resto del mundo también vuelve a adoptar políticas mercantilistas: alza barreras comerciales y se niega a usar el V$ para el comercio internacional. Una institución que los venecianos ayudaron a establecer y alguna vez dirigieron, el Fondo Monetario Internacional, crea una nueva moneda de reserva basada en la convertibilidad con el oro. En el transcurso del siglo siguiente, Venecia observa impotente cómo su poder económico y militar se diluye.

Por desgracia, este pasado imaginario amenaza con convertirse en nuestro futuro real. Si lo hace, será un importante punto de inflexión en la historia mundial, y más destacable porque, a diferencia de la mayoría de esos cambios, esta vez todos sabrán de quién fue la culpa.

Traducción: Esteban Flamini

http://prosyn.org/ThB5nVX/es;

Cookies and Privacy

We use cookies to improve your experience on our website. To find out more, read our updated cookie policy and privacy policy.