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El dilema de Trump en Palestina

RAMALLAH – Se suponía que la reunión de esta semana entre el presidente estadounidense Donald Trump y el primer ministro israelí Binyamin Netanyahu (primera entre ambos líderes desde la asunción de Trump al cargo) se centraría en el deseo compartido de deshacer el acuerdo con Irán sobre su programa nuclear. Pero es probable que la decisión de la Knesset israelí de legalizar en forma retroactiva asentamientos y avanzadas en la Cisjordania ocupada obligue a un cambio de prioridades. Trump y Netanyahu tendrán que hablar de Palestina.

Trump se ha manifestado abiertamente favorable a Israel. En diciembre, criticó la decisión del entonces presidente Barack Obama de abstenerse en vez de vetar la resolución del Consejo de Seguridad de la ONU que condenó la construcción ilegal de asentamientos por parte de Israel.

Pero el gobierno de Trump esperaba no tener que definir una postura clara respecto del conflicto entre israelíes y palestinos (y en particular, sobre la ampliación de los asentamientos israelíes en los territorios ocupados) hasta después de la primera reunión del presidente estadounidense con Netanyahu. Postergación que Israel volvió imposible cuando, pocos días después de la asunción de Trump, anunció planes de construir nuevos asentamientos, lo que obligó al nuevo presidente a conceder que esa medida “no colabora” con el proceso de paz.

Pero esa mesurada declaración no fue un obstáculo para el parlamento israelí, que enseguida aprobó la expropiación de terrenos privados palestinos para la construcción de miles de casas israelíes en Cisjordania. Si bien la Suprema Corte israelí puede revertir la decisión, casi todos coinciden en que esta asesta un golpe mortal a la solución de dos estados.

Los más de 200 asentamientos exclusivamente judíos en territorio palestino son hace mucho un obstáculo insuperable a la coexistencia pacífica de ambas partes como estados independientes. Pero todos estos años, Israel se esforzó en racionalizar y ocultar esa realidad, sobre todo a Estados Unidos.

Según Israel, los bloques de asentamientos cercanos a la “línea verde” (la frontera anterior a 1967) no impedían la existencia de un estado palestino soberano y continuo, porque más tarde se podían hacer intercambios de tierra. Y como el gobierno israelí no declaraba que esas “avanzadas” en particular fueran legales, podía seguir proclamando su intención (aunque no fuera real) de llegar a un acuerdo más adelante.

Pero la historia no parecía muy convincente. Al fin y al cabo, el gobierno israelí no sólo permitía la existencia de las avanzadas supuestamente desautorizadas, sino que también las proveía de agua, electricidad, Internet y protección militar.

Algunos líderes estadounidenses se percataron de lo que sucedía. En abril de 2014, el entonces secretario de Estado, John Kerry, declaró ante el Congreso de los Estados Unidos que el anuncio de la construcción de 700 nuevas unidades de vivienda para israelíes en Cisjordania había sido causa del fracaso de las negociaciones directas entre Israel y Palestina. En diciembre de 2016, Obama dejó que el Consejo de Seguridad de la ONU aprobara la resolución tan criticada por Trump que calificó la construcción de asentamientos israelíes como un “obstáculo importante” para la solución de dos estados.

No es difícil imaginar lo que sentirían los negociadores palestinos al ver los enormes asentamientos israelíes ya erigidos dentro de un territorio por cuya inclusión en un estado independiente venían trabajando. Y es seguro que la llegada de topadoras para preparar nuevos asentamientos (una visión que no es poco frecuente) hizo menguar aún más sus esperanzas. La cantidad de israelíes que viven en asentamientos exclusivamente judíos en Cisjordania se triplicó desde la firma en 1993 del memorándum de entendimiento entre la Organización para la Liberación de Palestina e Israel.

Pero ahora parece que Israel se quitó la careta. Hace unos días en Londres, Netanyahu se negó tres veces a responder cuando la prensa le preguntó si apoyaba la solución de dos estados. Recientemente dijo que su objetivo último es que los palestinos tengan un “cuasiestado”, con extensión y soberanía limitados.

A Netanyahu no le basta que los palestinos ya hayan aceptado la idea de un estado palestino (en Cisjordania y Gaza) equivalente a apenas el 22% de la Palestina histórica. Quiere reducirlo todavía más y no otorgarle derechos soberanos fundamentales como el control de la tierra, el aire, el agua y los pasos fronterizos. Y apuesta a que Trump le dejará vía libre para lograrlo.

Por supuesto, Netanyahu seguirá defendiendo ante Trump el discurso de que está interesado en la paz (sabiendo muy bien que Jared Kushner, yerno de Trump a quien el presidente encomendó la tarea de negociar un acuerdo, no tiene la menor chance de éxito). Pero el objetivo real de Netanyahu es lograr el apoyo de Trump a los asentamientos.

El gobierno de Trump debería confrontar a Netanyahu con algunas preguntas difíciles. ¿Cuál es la idea de Israel para el futuro de los territorios ocupados y la situación jurídica de los millones de palestinos que viven allí? ¿Cómo piensa salir del atasco creado por su determinación de defender y ampliar los asentamientos? ¿Qué hará ante el recrudecimiento de la oposición internacional al régimen fáctico de apartheid implícito en negar a los palestinos (en Israel y en Palestina) los mismos derechos políticos que tienen los judíos israelíes?

Podría ser que Trump adopte esa postura, pero parece improbable. Puede incluso suceder que preste oídos a los “hechos alternativos” que Netanyahu proclama; pero los palestinos no se dejarán engañar. A pesar de su evidente malestar por la reciente decisión de la Knesset, también sienten que les da la razón, tras años de denunciar que los negociadores israelíes no tenían interés en una solución de dos estados y negociaban de mala fe.

Ahora que los palestinos tienen más elementos de prueba, es probable que cambien su estrategia política para centrarse en la situación de apartheid imperante. La solución de dos estados está muerta, y el hecho de que Israel lo haya reconocido revitalizará la lucha por los derechos políticos de los palestinos en un estado único.

Traducción: Esteban Flamini