Drew Angerer/Getty Images

Las retiradas victoriosas de Trump

LONDRES – ¿Se rendirá Donald Trump en su guerra comercial con China, o la ganará? Es probable que ambas cosas. Ya hay en Trump un patrón claramente establecido, que empieza con amenazas terroríficas (“fuego y furia”, “restringir a cero las exportaciones de Irán”, “arancelar todo lo que sea chino”, “consecuencias como pocos han sufrido”) y sigue con un apretón de manos, un abrazo y un repentino brote de comprensión mutua.

El ejemplo más dramático fue el abandono de Trump de cualquier intento real de desnuclearizar a Corea del Norte. Y más cerca en el tiempo, la suspensión de las amenazas de aranceles contra la Unión Europea tras su encuentro de amigos con el presidente de la Comisión Europea, Jean‑Claude Juncker, la oferta de una cumbre “sin precondiciones” entre Estados Unidos e Irán y luego las señales de que la escalada de amenazas arancelarias contra China en realidad es una estrategia para reabrir negociaciones.

¿Por qué insiste Trump en sus amenazas vacías? Sus detractores responden que sólo es un fanfarrón, un tonto, un ignorante. Pero puede haber una explicación menos desdeñosa, pero igualmente negativa.

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