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Proteger Europa en la era de Trump

BRUSELAS – Igual que las encuestas antes del referendo del Brexit en el Reino Unido, se equivocaron las de antes de las elecciones presidenciales de Estados Unidos. Y justo como el Brexit, ocurrió lo impensable: ahora Donald Trump es presidente electo de EE.UU., marcando el triunfo del nativismo sobre el internacionalismo. En la competencia entre sociedades abiertas y cerradas, es evidente que estas últimas van ganando y que la democracia liberal se está convirtiendo cada vez más en un movimiento de resistencia.

Con Trump en la Casa Blanca, Estados Unidos se obsesionará consigo mismo. Se puede decir con propiedad que la Asociación Transatlántica para el Comercio y la Inversión  entre Estados Unidos y la Unión Europea no tiene la menor posibilidad. Pero la presidencia de Trump afectará negativamente a Europa de muchas otras maneras. Hoy está en juego la integridad territorial misma de la UE.

 1972 Hoover Dam

Trump and the End of the West?

As the US president-elect fills his administration, the direction of American policy is coming into focus. Project Syndicate contributors interpret what’s on the horizon.

Trump ha dejado bastante claro que entre sus prioridades de política exterior no está la seguridad europea. No reconoce la necesidad estratégica de la OTAN y solo ha mostrado algún interés en las relaciones transatlánticas cuando ha aludido a pagar cuentas pendientes. La presidencia de Trump llevará a un cambio geopolítico de inmensas proporciones: por primera vez desde 1941, Europa no puede confiar en la protección de Estados Unidos para su defensa, sino que debe velar por sí misma.

Europa ha estado demasiado cómoda en ese papel. En el último siglo las relaciones transatlánticas han seguido una dinámica perversa e implícita por la cual mientras más activo haya estado EE.UU., más inactiva ha estado Europa. Cuando los estadounidenses han intervenido en el exterior (como en Irak), Europa ha respondido con grandilocuentes sermones sobre la “extralimitación imperial”. Y cuando no ha intervenido, o lo ha hecho de forma tardía o ineficiente (como en Siria y Libia), los europeos han pedido más liderazgo estadounidense.

Esa época ya acabó. Trump sabe que Europa tiene el dinero, la tecnología y los conocimientos para ser una potencia global a la par que Estados Unidos, y no es problema suyo el que carezca de la voluntad política para alcanzar todo su potencial. Los europeos hemos asumido durante demasiado tiempo que es más barato y seguro dejar que Estados Unidos arregle nuestros problemas, incluso en nuestro patrio trasero. Con la elección de Trump (y considerando el desigual legado de política exterior estadounidense), debemos descartar esa creencia.

La UE debería ver la elección de Trump como una llamada de atención para hacerse cargo de su propio destino. Los conflictos actuales, como la sangrienta guerra civil en Siria y la anexión de Crimea por parte de Rusia, así como su intervención en Ucrania del Este, afectan directamente la seguridad, las economías y las sociedades de los estados miembro de la UE. Y sin embargo, hasta ahora los rusos y los estadounidenses, en lugar de los europeos, han determinado el destino de Ucrania y el de otros países fronterizos de Europa. Como resultado, la UE ha renunciado al control último de su propia seguridad, sus relaciones comerciales y sus flujos migratorios.

En 2014, una reveladora conversación entre la Vice Secretaria de Estado de EE.UU. para Asuntos Europeos y Eurasiáticos, Victoria Nuland, y el ex Embajador de EE.UU. en Ucrania, Geoffrey Pyatt, se filtró y publicó en línea. Hablando sobre la respuesta estadounidense en Ucrania, tras la huida del ex Presidente ucraniano Víctor Yanukovich a Rusia, Nuland dice, “Que se joda la UE”. Es una actitud que Europa ha permitido. Si bien ya era suficientemente malo escuchar que un funcionario de la administración Obama manifestara esos sentimientos, mejor ni imaginarse lo que nos encontraremos con Trump, que quizás ni siquiera se moleste en nombrar a nadie a cargo de los “Asuntos Europeos y Eurasiáticos”.

Por esta razón la UE no puede seguir postergando la creación de su propia Comunidad Europea de Defensa y desarrollar su estrategia de seguridad. Debería comenzar por  simplificar y ampliar sus relaciones bilaterales y regionales, no en menor medida entre los países escandinavos y bálticos, así como entre Bélgica y Holanda, y Alemania y Francia. Todas estas relaciones dispares se deben unir bajo un solo comando europeo que reciba financiación y un sistema de adquisiciones de defensa común.

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La UE debe volverse capaz de protegerse a sí misma, o no podrá garantizar la integridad de su territorio. Se trata de una decisión difícil pero vital que ha pospuesto por demasiado tiempo. Ahora que Trump ha sido electo, ya no puede esperar más.

Traducido del inglés por David Meléndez Tormen