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El orden del mundo

MADRID – Atrás queda 2016, annus horibilis. Y los hitos que lo marcaron –la retirada del Reino Unido de la Unión Europea, la elección de Donald Trump como presidente de Estados Unidos, las atrocidades de Siria– parecen apuntar al declive del sistema internacional liberal.  

Asistimos a un progresivo debilitamiento de la arquitectura institucional y del sistema normativo global por el difícil encaje de las características del poder del siglo XXI en la rigidez actual del esquema nacido tras la Segunda Guerra Mundial.

La sesgada representación –ya sea del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas o del Consejo Ejecutivo del Fondo Monetario Internacional–, que se corresponde con un esquema agotado, mina la capacidad de respuesta institucional global ante la nueva realidad y socava su legitimidad en beneficio de mecanismos informales como el G-20 y de organismos de reciente creación como el Banco Asiático de Inversión en Infraestructuras.

Sin duda es preciso reformar aspectos de representación y de toma de decisiones. Pero lo que está en cuestión es el propio fundamento axiológico del orden internacional liberal, vacío hoy de contenido de forma tal que principios antes considerados claves de bóveda del mundo moderno –libre comercio, democracia, derechos humanos– están hoy bajo amenaza o en retroceso. En tanto que no reconozcamos y nos enfrentemos a esta realidad, el orden mundial liberal –durante 70 años motor de paz y prosperidad sin precedentes– seguirá desmoronándose.