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Realismo ante el trumpismo

BERLÍN – A poco más de un mes de la asunción al cargo del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, ya es evidente que nada bueno saldrá de su presidencia. Por desgracia, los pesimistas resultaron realistas: todo está realmente tan mal como predijeron. Los peores escenarios se convirtieron en escenarios de base. Hay que descartar por ilusoria toda esperanza de que las exigencias del cargo o las realidades políticas y económicas convenzan a Trump de respetar las normas de la política interna y exterior.

El realismo obliga a aceptar una verdad preocupante: cuando el 45.º presidente de los Estados Unidos deba elegir entre sostener la Constitución de su país (que limita su autoridad por medio de la separación de poderes) o subvertirla, es probable que elija lo segundo. La administración Trump pretende nada menos que ejecutar un cambio de régimen en Washington.

Tarde o temprano, la fricción entre el presidente y el sistema constitucional creará una crisis grave que sacudirá a Estados Unidos hasta sus cimientos, y es posible que lo deje políticamente irreconocible. Los continuos ataques de Trump al sistema judicial y a la prensa (instituciones indispensables para garantizar la rendición de cuentas del ejecutivo) no dejan margen para otra interpretación.

Incluso prevaleciendo el sistema constitucional estadounidense, el caos generado durante la presidencia de Trump puede causar daños permanentes. ¿Qué ocurriría si en este tiempo de incertidumbre hubiera un atentado terrorista grave en Estados Unidos? ¿Caería el país en el autoritarismo, como hemos visto en Turquía? Uno espera que no, pero la posibilidad es real.