A screen showing images of South Korea's president Moon Jae-in, US president Donald Trump, China's president Xi Jinping, and North Korea's leader Kim Jong Un KIM SUE-HAN/AFP/Getty Images

Trump cancela, China gana

LONDRES – La decisión abrupta del presidente norteamericano, Donald Trump, de cancelar su cumbre planeada para el 12 de junio con Kim Jong-un representa un golpe diplomático para el líder norcoreano, y una victoria aún mayor para China. En apenas unos meses, la imagen de Kim ha pasado de ser la de un paria internacional a la de un conciliador frustrado.

Kim no podría haber soñado con un éxito mayor. Frente a las amenazas de ataques aéreos y las duras sanciones económicas de Estados Unidos -inclusive de su vecino y supuesto aliado China-, Corea del Norte ha alcanzado el estatus de estado con armas nucleares. Y ahora hasta puede reclamar una suerte de instancia moral suprema. Kim, después de todo, fue el primero en plantear la idea de una cumbre bilateral histórica con Estados Unidos, y ahora vio cómo su propuesta fue rechazada -después de ser aceptada- por Trump.

Sin duda, nadie en el este de Asia alberga alguna ilusión de que Kim haya cambiado. Sigue siendo un dictador brutal y una potencial amenaza para la paz regional. Pero hasta ahora todos los vecinos de Corea del Norte -Japón, Corea del Sur, China y Rusia- han encontrado que su estrategia diplomática es más predecible, y hasta más creíble, que la de Estados Unidos.

Desde que se planteó por primera vez la idea de entablar conversaciones, la promesa de Kim de poner la "desnuclearización" sobre la mesa siempre exigió cautela. Después de tanto tiempo y esfuerzos en desarrollar una disuasión nuclear, nunca iba a ceder fácilmente. Aun así, las propuestas para reducir la escala de las tensiones militares -quizás acompañadas por un tratado de paz y un marco más amplio para manejar las relaciones en la región- representaron un progreso bien recibido, especialmente a los ojos de los surcoreanos y los chinos. 

No se puede decir lo mismo de la aparente postura negociadora de Estados Unidos. El reclamo por parte de la administración Trump de un desmantelamiento completo y verificable de las fuerzas nucleares y de misiles nunca fue realista. Y, para colmo de males, la credibilidad de Estados Unidos se ha visto seriamente deteriorada por la decisión de Trump de abandonar el acuerdo nuclear iraní, y por los comentarios de su asesor de seguridad nacional, John Bolton, y del vicepresidente, Mike Pence, que vincularon la situación de Corea del Norte con la de Libia en el régimen de Muammar el-Qaddafi.

Debería haber sido obvio que poner en la misma bolsa a Kim y a Qaddafi -que fue derrocado y asesinado por los rebeldes en 2011- iba a llevar a Corea del Norte a responder con "ira y una hostilidad abierta", como dijo Trump en su carta de cancelación de la cumbre. Es una descripción justa de las declaraciones del régimen de Kim; pero no cambia el hecho de que los norcoreanos ahora aparecen como víctimas de la intimidación norteamericana.

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Más allá de si, en verdad, el plan de Trump consistía en empezar con un reclamo de una desnuclearización total y luego pasar a algo más creíble, la pregunta ahora es qué podría hacer la administración para lograr la desnuclearización -o hasta un cambio de régimen- a falta de una cumbre. Todavía está por verse cómo responderán los principales socios estratégicos de Estados Unidos. Japón y Corea del Sur se sienten sacudidos, ninguneados e ignorados por la toma de decisiones impulsiva de Trump. Japón, en particular, ha llegado a temer más las sanciones estadounidenses que las acciones norcoreanas. No ayuda que la administración Trump se haya negado a otorgarles a los fabricantes de acero japoneses exenciones a los aranceles con los que amenazó.

¿Adónde conduce todo esto? En respuesta a la cancelación de la cumbre por parte de Trump, Corea del Norte, al percibir que controla la instancia moral suprema, ha expresado su continua apertura a las conversaciones, lo que llevó a Trump a reflexionar confusamente sobre restablecer la reunión. Pero el verdadero interrogante es cómo responderá China.

El año pasado, China cedió ante la presión estadounidense de ajustar los controles económicos sobre su cliente norcoreano, demostrando que está dispuesta a hacer su parte para preservar la estabilidad regional. Más recientemente, recibió a Kim en dos oportunidades en el lapso de menos de dos meses. Estos fueron los primeros viajes de Kim al exterior como líder norcoreano, y demostraron que está dispuesto a rendir obediencia al presidente chino, Xi Jinping, y buscar el respaldo diplomático de Xi.

Ahora que Trump ha cancelado la cumbre, los chinos encontrarán pocos motivos para mantener la presión sobre Corea del Norte. En verdad, Trump le ha dado a China una opción envidiable: puede utilizar su influencia con Corea del Norte como una pieza de negociación en las conversaciones comerciales en curso con Estados Unidos, o puede restablecer el comercio y otras relaciones económicas con Corea del Norte para recordarle a Kim que depende absolutamente de China.

Como fuere, con la Unión Europea y Japón furiosos por las medidas agresivas de la administración Trump en torno al comercio, Corea del Norte y el acuerdo nuclear iraní, no hay una gran presión global sobre China para que ceda ante las demandas estadounidenses. La mayor preocupación de China hoy es que Estados Unidos siga adelante con los ataques militares contra Corea del Norte -aunque, tal y como están las cosas, ésa sigue siendo una posibilidad remota.

Cualquier acción que no sea una confrontación militar en la Península de Corea cuenta como una victoria estratégica para China. Además de recuperar a un aliado tributario, el país ha mostrado que puede ser una fuerza para la paz y la estabilidad. Ahora, cualquier cosa que haga en la región parecerá razonable en comparación con las acciones estadounidenses. La caída de la influencia de Estados Unidos, y el fortalecimiento de la influencia estratégica de China, siguen sin disminuir. Gracias a Trump, ese proceso acaba de acelerarse.

http://prosyn.org/GC3cNnT/es;

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