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Preparar a Asia para Trump

CANBERRA – Independientemente de que el Presidente electo de EE.UU., Donald Trump, se comporte mejor una vez esté en el cargo que como lo hizo en la campaña, la autoridad global de su país ya se ha visto afectada, y no en menor medida entre sus aliados y socios en Asia.

No será fácil para Trump ejercer el poder blando (liderar con el ejemplo democrático y moral), considerando su desprecio por la verdad, la argumentación racional, la decencia humana básica y las diferencias raciales, religiosas y de género, por no mencionar el hecho de que en realidad la mayoría de los votantes no lo eligió. Y si se trata de ejercer el poder duro (hacer lo que sea necesario para enfrentar los retos graves a la paz y la seguridad), poco se podrá confiar en su criterio, puesto que casi cada una de sus declaraciones de campaña era tremendamente contradictoria o bien directamente alarmante.

Para mantener la seguridad, la estabilidad y la prosperidad en Asia se necesita un ambiente de colaboración en que los países aseguren sus intereses nacionales mediante asociaciones (no rivalidades) y comercien libremente entre sí. Lo único que permite confiar en Trump en este frente es que puede que en realidad no haga lo que dijo que iba a hacer, como iniciar una guerra comercial con China, abandonar los compromisos de sus alianzas y apoyar las armas nucleares en Japón y Corea del Sur.

Con conocimientos escasos o nulos sobre asuntos internacionales, Trump confía en sus muy dispersos instintos. Combina la retórica aislacionista del “Estados Unidos primero” con la enérgica oratoria del “volver a hacer grande a EE.UU.” Puede que plantear extremos imposibles funcione en las negociaciones inmobiliarias, pero no es una base sólida para hacer política exterior.