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Europa debe pensar por sí misma

BERLÍN – Donald Trump es el primer presidente estadounidense que piensa que el orden mundial liderado por Estados Unidos menoscaba los intereses de su país. Pese a los beneficios evidentes que le reporta a EE. UU., Trump está convencido de que el orden actual beneficia a China todavía más; y temeroso del ascenso de China a la condición de nuevo polo del poder global, Trump lanzó un proyecto de destrucción creativa para eliminar el viejo orden y establecer otro más favorable a EE. UU.

Trump quiere lograr este objetivo relacionándose con los otros países en forma bilateral para negociar siempre desde una posición de fuerza. Ha mostrado particular desdén por los aliados tradicionales de EE. UU., a los que acusa de aprovecharse del sistema actual, y que además se interponen en su carrera destructiva. Además, no tolera a los organismos multilaterales que fortalecen a países más pequeños y débiles en relación con el suyo.

Siguiendo la estrategia de “Estados Unidos primero”, Trump ha dedicado la presidencia a debilitar instituciones como la Organización Mundial del Comercio y abandonar arreglos multilaterales como el Acuerdo Transpacífico (ATP), el pacto nuclear con Irán y el acuerdo de París sobre el clima. Y dada su rapidez para generar nuevos conflictos, a los otros países se les hizo difícil seguirle el ritmo, y ni hablar de formar alianzas eficaces para oponérsele.

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