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¿Trópicos de Cáncer?

STANFORD – Muchas veces se piensa que el cáncer es una enfermedad de los países más ricos, pero es una causa importante de morbilidad y mortalidad también en los países más pobres. De hecho, para fines de esta década, aproximadamente 150 millones de personas en todo el mundo tendrán cáncer y cerca del 60% de ellas residirá en países en desarrollo.

Si bien es menos la gente en los países en desarrollo que vive hasta la edad en que el cáncer es más prevaleciente, una mala alimentación y exposiciones ambientales a virus y toxinas, sumadas a una escasez de opciones de diagnóstico y tratamiento, aumentan la incidencia y la letalidad del cáncer. Mucha gente en los países pobres se muere de tipos de cáncer que son prevenibles y tratables en las sociedades más ricas, pero también suelen sucumbir a otros flagelos, como las enfermedades infecciosas.  ¿Qué se podría y se debería hacer, entonces, frente a este dilema?

Aleppo

A World Besieged

From Aleppo and North Korea to the European Commission and the Federal Reserve, the global order’s fracture points continue to deepen. Nina Khrushcheva, Stephen Roach, Nasser Saidi, and others assess the most important risks.

Margaret Chan, directora de la Organización Mundial de la Salud, y Yuyika Amano, director de la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA), destacaron en un artículo reciente que los sistemas de salud de la mayoría de los países en desarrollo están mejor diseñados para tratar enfermedades infeccionas que cáncer. Opino que se trata de una estrategia racional, dada la cantidad de muertes relacionadas con infecciones, y que muchas de esas enfermedades se pueden prevenir y tratar a un costo relativamente bajo.

El diagnóstico y el tratamiento de la mayoría de los tipos de cáncer en los países en desarrollo exigirían una inversión de enormes proporciones en infraestructura. Como señalan Chan y Amano: 

“La mayoría carece de los fondos, el equipamiento y el personal calificado necesarios para ofrecer una atención básica para los pacientes de cáncer. Treinta países -la mitad de ellos en África- no tienen ni una sola máquina de radioterapia. Y estos países, claramente, no tienen los recursos financieros, las instalaciones, el equipamiento, la tecnología, la infraestructura, el personal o la capacitación para hacer frente a las exigencias a largo plazo de la atención del cáncer".

Para empezar a abordar estas deficiencias, "El trabajo de la AIEA implica la construcción en los países de capacidad para medicina de radiación. Pero la tecnología no sirve de nada sin un personal bien capacitado y motivado para utilizarla".

Una estrategia de estas características, sin embargo, no está suficientemente bien orientada y es poco probable que resulte efectiva en términos de costos. Como dejan en claro los propios datos de las Naciones Unidas, las enfermedades infecciosas, muchas de las cuales son prevenibles y curables, siguen siendo el flagelo de las poblaciones más pobres. En 2008, aproximadamente 250 millones de casos de malaria causaron casi un millón de muertes, principalmente de niños de menos de cinco años. Prácticamente en todos los países pobres con una malaria endémica, el acceso a medicamentos contra la malaria (especialmente una terapia combinada basada en la artemisina) es inadecuado.

La incidencia de la malaria podría reducirse drásticamente mediante la aplicación juiciosa del químico DDT para matar los mosquitos, pero las Naciones Unidas y los reguladores nacionales redujeron su disponibilidad, debido a nociones erróneas sobre su toxicidad. Cientos de millones de personas padecen otras enfermedades tropicales ignoradas, entre ellas la filariasis linfática y el cólera.

Si bien las nuevas infecciones de VIH a nivel mundial se redujeron levemente en la pasada década, 2,7 millones de personas contrajeron el virus en 2008, y se registraron dos millones de muertes relacionadas con el VIH/SIDA. Para fin de ese año, más de cuatro millones de personas en países de ingresos bajos y medios estaban recibiendo una terapia antirretroviral, pero más de cinco millones que eran VIH positivos siguieron sin recibir tratamiento. La cantidad de nuevos casos de tuberculosis en todo el mundo está aumentando, y el creciente surgimiento de cepas multirresistentes de las bacterias es especialmente preocupante.

Según estadísticas de las Naciones Unidas, aproximadamente el 15% de la población del mundo no tiene acceso a agua potable, y "en 2008, 2.600 millones de personas no tenían acceso a un sanitario o letrina higiénicos", mientras que "1.100 millones defecaban a cielo abierto". Los métodos primitivos para tratar las aguas residuales siguen propagando infecciones como la esquistosomiasis, el tracoma, la hepatitis viral  y el cólera.

Muchos tipos de cáncer probablemente sean causados por infecciones virales crónicas, otra razón por la que seguramente sea más sensato atacar las enfermedades infecciosas mejorando el acceso a agua limpia, servicios sanitarios básicos, antibióticos y vacunas que construir instalaciones de radioterapia. En algunos países de Oriente Medio ricos en petróleo pero pobres en tecnología, se entregaron equipos de radioterapia (y bypass cardio-pulmonar) de última generación, pero nunca fueron utilizados, o resultaron dañados por descargas eléctricas o cortes de energía. Y muchos países pobres no tienen ni una sola escuela de medicina, y cuando sus ciudadanos estudian en el exterior, suelen quedarse allí, o están mal preparados para un contexto de baja tecnología muy diferente del lugar donde recibieron su instrucción.

Si bien el uso de equipos de costos elevados, drogas de quimioterapia costosas y procedimientos sofisticados y complejos como el trasplante de médula ósea no sería prudente, esto no quiere decir que deberíamos abandonar por completo el tratamiento del cáncer en los países en desarrollo. A veces, la prevención, el diagnóstico y el tratamiento son costo-efectivos. Las vacunas para prevenir la hepatitis A y B (y C, cuando exista) reducen la incidencia no sólo de las infecciones virales, sino también de secuelas como la cirrosis y el carcinoma hepático. Por su parte, los esfuerzos de salud pública por frenar la contaminación ambiental y el tabaquismo podrían reducir la prevalencia de cáncer de pulmón en Asia y África.

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Otro ejemplo son los cánceres cervicales, muchos de los cuales se pueden prevenir con vacunas contra el virus del papiloma humano. Y se puede utilizar ácido acético para visualizar cánceres cervicales, que se pueden tratar con crioterapia (congelación).

En resumidas cuentas, en un mundo de recursos limitados en cuanto a atención médica, necesitamos tomar decisiones difíciles que arrojen resultados de alto impacto para la mayoría de la gente al menor costo posible.