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Los tratados son el mejor amigo de un amigo

Decir que el 11 de septiembre cambió al mundo es un cliché, y sin embargo, en ciertos sentidos es cierto. Las relaciones ruso-estadounidenses han cambiado fundamentalmente, como lo demuestra la silenciosa desilusión rusa ante la decisión de EU de retirarse del Tratado Antimisiles Balísticos (ABM). Lo sorprendente es que tuvieran que aparecer los terroristas de Osama bin Laden para revelar que en la actualidad no existen diferencias ideológicas, económicas o políticas fundamentales entre los dos países.

Rusia sufrió el terrorismo internacional mucho antes que otros y por ello buscó establecer esfuerzos internacionales conjuntos en su contra desde hace mucho. De hecho, Estados Unidos no arrastró a Rusia hacia la guerra actual en Afganistán. Más bien, Rusia está utilizando a los EU para acabar con los terroristas de bin Laden y los talibanes, quienes causaron inestabilidad en Asia central, Chechenia y otras regiones de Rusia.

Así, la nueva relación entre Rusia y los EU no es una de concesiones unilaterales por parte de la primera, como tantos afirman. Beneficia a los dos países. Con la derrota de Al Qaeda y los talibanes, las fronteras del sur de Rusia serán más seguras. Por otra parte, no es exageración decir que la asistencia de Rusia (política, militar, técnica y de inteligencia) es igual de importante para los EU que el apoyo que le otorgan sus aliados de la OTAN en conjunto (excluyendo a Inglaterra).

Nada de lo anterior genera euforia aquí. Muchos analistas rusos afirman que, una vez que termine la guerra de Estados Unidos en contra de los talibanes, ese país retomará sus costumbres unilateralistas cuando ya no necesite ayuda. Esta es una posibilidad. Por ello, para que las nuevas relaciones entre Rusia y los EU florezcan, se necesitan dos cosas: