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MOSCÚ – Acabo de regresar a la Ciudad de las Estrellas (el centro de entrenamiento para vuelos espaciales de Rusia) después de un largo fin de semana en Moscú y me llamó la atención cuánto –o cuán poco—ha cambiado desde que vine aquí por primera vez hace 20 años, en la primavera de 1989.

Al pasar frente a un anuncio que promovía la venta de espacios publicitarios en el metro de Moscú, recordé una ocasión en la que bajaba por esas mismas escaleras eléctricas, largas y rápidas en compañía de un pionero de la publicidad. “¡Mira todos esos muros vacíos!ampquot;, se maravillaba. “Algún día podrían estar llenos de anuncios”. Hoy, en efecto, se ha cumplido su sueño y los muros están repletos de anuncios. Hace unos años me habría emocionado ver que en alguno de esos carteles se mencionara un sitio Web. Actualmente, los URL son muy comunes.

De hecho, hace un par de años, la empresa rusa Yandex, un motor de búsqueda (yo formo parte de su consejo directivo) hizo un anuncio en el que se burlaba ligeramente de la opacidad del viejo régimen ruso. Al pie de todas las escaleras eléctricas del metro de Moscú hay una cabina de cristal para el vigilante –generalmente una mujer malencarada cuya única función es apagar las escaleras en caso de alguna emergencia. Hay un letrero en la cabina que dice: ampquot;El vigilante de las escaleras no contesta preguntasampquot;, en una redacción al estilo soviético que es similar a ampquot;El vigilante no da consultas”.

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