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A vueltas con la democracia

La democracia está, supuestamente, en camino en el Oriente Medio, pero los dictadores árabes temen a la democracia, auténtica, con sus libertades civiles y elecciones competitivas, por lo que se inventan pócimas que protejan el status quo seleccionando fragmentos de los modelos políticos occidentales y añadiendo algunas interpretaciones religiosas para asegurarse una pátina de legitimidad islámica.

Arabia Saudita cuadra con esa descripción enteramente. Sus gobernantes –algunos de los más autocráticos del mundo- dicen que la democracia es incompatible con el islam, por lo que prefieren la expresión “gobierno participativo”.

Pero una mayoría de eruditos musulmanes, incluidos hombres tan eminentes como el Jeque de Al Azhar en El Cairo y el influyente Jeque Qaradawi, de Qatar, creen que el islam es compatible con la democracia, al menos tal como ellos la definen: respeto del Estado de derecho, igualdad entre los ciudadanos, distribución equitativa de la riqueza, justicia y libertad de expresión y reunión. Lo que sigue siendo discutible y polémico es el derecho de los ciudadanos a elegir a sus líderes.

Aun así, las presiones en pro de la democratización están aumentando, en parte gracias a los pequeños Estados del Golfo, que compiten entre sí en las reformas democráticas. Qatar y Omán han elegido consejos consultivos y han concedido el derecho de voto a las mujeres. En Kuwait y Bahrein se celebran elecciones parlamentarias y al final del año pasado el Jeque Mohammad al Maktoom, Príncipe Heredero de Dubai, en los Emiratos Árabes Unidos, señaló que los dirigentes árabes debían hacer reformas o hundirse. Las elecciones del Iraq han aumentado aún más las presiones al respecto.