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Hacia una sociedad entre Asia y Europa

BERLIN – El ascenso de Asia como un actor económico y político ejemplifica de qué se trata exactamente la globalización. Para fines de la década, la economía de China será más grande que la de Alemania. Para 2040 tres de las cinco economías más grandes del mundo –China, India y Japón- estarán en Asia.

Ese es un aspecto del paisaje asiático. El otro aspecto es la persistente pobreza, la falta de desarrollo, la masiva degradación ambiental, una generalizada división entre las áreas rurales y urbanas, problemas demográficos y sistemas bancarios en dificultades. El panorama se ve aún más agravado por riesgos de seguridad como la proliferación de armas nucleares, el fundamentalismo y una gobernancia débil o endeble.

Los cambios arrolladores en curso en Asia no son sólo económicos; también han creado nuevas realidades políticas que no se pueden ignorar. Los países asiáticos hoy actúan con mucha más seguridad propia que en el pasado. Sus presupuestos militares se están expandiendo y existen rivalidades regionales. En consecuencia, junto con las enormes oportunidades implícitas en la globalización, también deben abordarse los riesgos políticos.

Los estrategas políticos alemanes y europeos deben dejar en claro qué tiene Europa para ofrecerle a Asia, y lo pueden hacer en las cumbres de este mes de la UE/ASEAN y UE/China. El “poder blando” del modelo político y social de Europa es bien conocido. Como me dijo alguna vez un líder asiático, los europeos tienen lo que muchas sociedades asiáticas aspiran a tener: un gobierno democrático, una infraestructura avanzada, derechos civiles, compañías de nivel mundial, altos niveles educativos y sociales y una rica herencia cultural. Esto nos otorga un estatus para nada desdeñable.