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Necesidad de consenso en Siria

El sentimiento de que el régimen del presidente sirio Bashar Al Assad está llegando a un punto de inflexión crece por momentos. La reciente renuncia del enviado especial de la ONU y de la Liga Árabe para Siria, Kofi Annan, ante la imposibilidad de poner en práctica el plan de paz de seis puntos y detener la violencia, es uno de los muchos factores que obligan hoy a la comunidad internacional a pensar seriamente sobre la necesidad de minimizar los peligros inherentes a la difícil situación de Siria.

La falta de acuerdo entre los países miembros del Consejo de Seguridad ha provocado una prolongación y metamorfosis de la propia naturaleza del conflicto. Lo que comenzó como una lucha popular inspirada por las exigencias de la primavera árabe ha ido adoptando tonos cada vez más sectarios y radicales. Esta conducta refleja la pérdida de esperanza en el apoyo internacional y complica, a la vez, cualquier solución negociada.

El peligro creciente de represalias hacia la comunidad Alawi, que representa el 12% de la población y bajo cuyo control se encuentra la economía y el ejército del país, ha provocado que este grupo, que logró salir de su categoría de ciudadano de segunda clase tras la llegada del partido Baath de Al Assad en 1963, considere que su supervivencia esté intrínsecamente ligada a la de Assad.

De no abordar seriamente la oposición siria las inquietudes de esta minoría, temerosa de una venganza suní, podría estallar en el país en una guerra civil sectaria peor aún que el conflicto que asoló el Líbano desde 1975 hasta 1990.