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Derribar a los modernizadores de Rusia

MOSCÚ – La decisión del presidente ruso Dmitri Medvedev de despedir a Yuri Luzhkov, quien se había afianzado desde hace mucho tiempo como alcalde de Moscú, es la decisión más firme que ha tomado durante su presidencia. ¿Es en realidad parte de su ofensiva para modernizar a Rusia, o el surgimiento de una lucha de poder con el verdadero hombre fuerte de Moscú, el primer ministro Vladimir Putin?

Anatoly Chubais, el padre de la privatización rusa de los noventa y actual jefe del conglomerado industrial de nanotecnología del país, RosNano, admitió recientemente que las perspectivas para la modernización política de Rusia son poco prometedoras. Dijo que “Actualmente, no hay una demanda al respecto. Tal demanda requiere que un grupo social la promueva”. Durante una conversación con inversionistas extranjeros fue aun más lejos al dar a entender que la amenaza del fascismo en Rusia llegará a tal punto que “las discusiones sobre Putin y Medvedev, Medvedev o Putin no serán nada en comparación”.

Este panorama pesimista puede explicarse por el interés de Chubais en que Occidente deje de desafiar a los líderes rusos por las violaciones de los derechos humanos y las restricciones a la libertad. Para evitar una alternativa que es incluso peor, los Estados Unidos y Europa deben apoyar al dúo Putin-Medvedev con la esperanza de que garanticen un ambiente estable y seguro para las inversiones. Chubais, que solía ser reformador, ahora es totalmente cómplice de las políticas del régimen. No obstante, dice la verdad.

El principal modernizador y protegido del presidente Dmitri Medvedev, Igor Yurgens del Instituto para el Desarrollo Contemporáneo, piensa prácticamente lo mismo. En efecto, indica que los rusos “no son ciudadanos, sino más bien una especie de tribu”, y que es poco probable que el carácter arcaico de la sociedad rusa cambie antes de 2050.