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Por una primavera Ucraniana

A todos quienes viven en Ucrania se les obliga a creer en tres grandes falsedades: la primera consiste en la suposición de que todos los humillantes desórdenes actuales (colapso económico, pobreza, desempleo) son consecuencia natural de nuestra transición poscomunista. Eso es cínico y cruel; además, es peligrosamente erróneo. La verdad es que, a diario, a los ucranianos se nos priva por la fuerza de gran parte de nuestras riquezas nacionales. Nos vemos privadas de ellas debido a la traición del Estado, a acuerdos ilegales y a funcionarios corruptos e incompetentes.

La segunda falsedad consite en la creencia de que alguien ``allá afuera'' ayudará a Ucrania a ponerse en pie. Con ingenuidad aguantamos la respiración esperando el feliz momento en que llegue otra porción de ayuda extranjera. Debemos dejar de creer en remedios importados. ¿Dónde está nuestra dignidad? Tenemos que empezar a entender que nadie más que los ucranianos puede ayudar a Ucrania. Debemos aplicar nuestros talentos y nuestro intelecto, y no esperar las dádivas del extranjero.

La tercera falsedad es el temor a la inestabilidad y a los disturbios sociales que supuestamente sobrevendrán si el presidente Kuchma y sus cómplices pierden las próximas elecciones. En vez de disturbios yo preveo celebraciones si Kuchma resulta derrotado. En cualquier caso, es poco probable que haya inestabilidad porque nuestros funcionarios, en todos los niveles, se olvidarán de Kuchma en el momento mismo que el recuento de votos anuncie su derrota. Estarán demasiado apurados preocupándose por sí mismos como para afligirse por él o para crear problemas. Además, en los países civilizados un cambio de gobierno se considera un signo de estabilidad. Ucrania necesita y está lista para un signo de ese tipo.

Las elecciones parlamentarias que se celebrarán el 31 de marzo darán respuesta a la pregunta principal que todo el mundo se hace acerca de Ucrania: ¿somos capaces de superar nuestra falta de fe en nosotros mismos, de vencer nuestros temores, para ganar una verdadera independencia democrática, o acaso los ucranianos seguirán siendo siempre esclavos miedosos? Si esto último es lo que va a suceder, no importa quién sea el amo aquí: Kuchma, su sucesor, Rusia o incluso algún otro Estado poderoso. Sin embargo, los ucranianos cuentan ahora con un medio pacífico y constitucional para cambiar su país y vivir sus vidas sin amos. Para lograrlo, debemos unirnos en contra del régimen actual.