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No darle de comer al vampiro

BERKELEY – ¿Será que el sector financiero estadounidense está despojando de recursos a la economía real? Todavía muchos recuerdan (y con razón) la memorable descripción que en 2009 hizo de Goldman Sachs el periodista Matt Taibbi, cuando comparó a esta firma con un enorme calamar vampiro, pegado a la cara de la humanidad, clavando una y otra vez el apéndice de chupar sangre dondequiera que huela dinero.

Allá por 2011, yo señalé que mientras en 1950 el sector de finanzas y seguros de Estados Unidos equivalía al 2,8% del PIB, tres años después de la peor crisis financiera en casi ochenta años esa cifra ascendió al 8,4% del PIB: “(…) si EE. UU. estuviera obteniendo un buen valor a cambio [de los] $750 mil millones extras que se desvían anualmente de lo que hubiese estado destinado a pagar a personas que fabrican directamente bienes útiles y proporcionan directamente servicios útiles, dicho valor se mostraría de forma obvia en las estadísticas”.

Agregué que este enorme desvío de recursos en detrimento de la producción de bienes y servicios con utilidad directa durante el año sería buen negocio solamente si impulsara el crecimiento económico anual general en un 0,3%, es decir, en un 6% a lo largo de una generación (25 años). Dicho de otro modo, sería buen negocio solamente si tomado en su conjunto, incluyera una cantidad sustancial de lo que los financistas llaman “coeficiente alfa”.

Pero como eso no ocurrió, me preguntaba entonces por qué semejante despliegue de destreza y actividad en el sector financiero no había producido “dividendos económicos obvios”. Y propuse, como posible explicación, que en finanzas hay dos formas sostenibles de hacer dinero: encontrar personas con emprendimientos riesgosos que llevar a cabo y juntarlas con personas que tienen capacidad de soportar riesgos no utilizada; o encontrar a esas mismas personas con riesgos y juntarlas con personas incautas que tienen dinero.