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Es hora de traer de vuelta a Mahatma Gandhi

NUEVA YORK – La victoria inesperada del Partido del Congreso en la elección general de la India fue recibida con euforia. Muchos creen que el Congreso -con su compromiso con los valores seculares, el crecimiento económico y la ayuda a los pobres- hoy tiene el mandato de transformar a la India en una gran potencia. Los intereses empresariales y financieros, en particular, están encantados con el resultado y hacen alarde de la bonanza que se generará a medida que el Congreso liberalice aún más la economía de la India.

Los norteamericanos están contentos de que la izquierda fastidiosa de la India, reducida a unas miserables 24 bancas, haya quedado prácticamente afuera del gobierno nacional. Los comunistas de la India habían intentado derrocar al gobierno liderado por el Partido del Congreso el año pasado en un intento por desarticular el acuerdo nuclear negociado por Estados Unidos, y habían prometido invalidarlo.

En cuanto a la amenaza de la derecha, cualquiera que anhele la paz en la región y menores tensiones en la India entre las comunidades religiosas está aliviado por la derrota del partido nacionalista hindú Bharatiya Janata (BJP, tal su sigla en inglés). La estrategia del BJP de acusar al Congreso de blando frente al terrorismo y demonizar a los musulmanes como una amenaza existencial para la India fracasó miserablemente.

Sin embargo, y desafortunadamente, la trayectoria económica que el Congreso está planeando, aunque puede estimular el crecimiento en el corto plazo, a la larga está en un curso de colisión tanto en materia de equidad como de sostenibilidad. A pesar de la retórica sobre el "crecimiento inclusivo", la brecha de riqueza de la India se ha ampliado durante los años de expansión económica excepcionalmente rápida.