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Es hora de que los Estados Unidos se vuelvan hacia el Sur

Independientemente de lo que John Kerry haga sobre América Latina, en caso de ser elegido Presidente de los Estados Unidos en noviembre, la elección podría iniciar un cambio radical en las relaciones entre los Estados Unidos y América Latina... aun cuando -o incluso principalmente- George W. Bush fuera reelegido. Kerry nunca ha mostrado demasiado interés por esa región, mientras que Bush la ha desatendido en gran medida desde los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001. Pero no por su carácter improbable resulta menos necesario un cambio de relaciones.

La necesidad de cambio en las políticas de los Estados Unidos para con el resto del hemisferio es doble. Primera, nunca en tiempos recientes ha sido tan fuerte y tan profundo el sentimiento antiamericano en América Latina. Una encuesta tras otra muestra que los latinoamericanos abrigan más sentimientos negativos sobre los EE.UU. que en ningún otro momento desde el decenio de 1960. En contraste con aquella época, la hostilidad popular no está motivada, en realidad, por las acciones de los EE.UU. en América Latina o para con ella, sino que el antiamericanismo actual sigue complicando la vida en gran medida a los dirigentes democráticos del hemisferio y a los propios Estados Unidos.

Segunda -y más importante-, las cuestiones conflictivas fundamentales de la relación actual entre los Estados Unidos y América Latina están agravándose. No desaparecerán por sí solas y, si no se abordan adecuadamente, es probable que empeoren.

La lista de problemas que afronta América Latina es larga, pero los asuntos destacados son fáciles de distinguir. El primordial es el crecimiento económico, que durante los últimos años -en realidad, durante los dos últimos decenios- ha sido desalentador. En los países en los que el comercio y la inversión se concentran en los vínculos con los EE.UU., se trata de un asunto fundamental de la relación bilateral.