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Pensar en lo impensable en Europa

CAMBRIDGE – Cuando el FMI y la eurozona prepararon conjuntamente un paquete de rescate para Grecia en mayo pasado, era claro que ese acuerdo era un respiro temporal. Ahora ya hay más problemas. Como las dificultades de Irlanda amenazan con extenderse a Portugal, España e incluso Italia, es tiempo de reconsiderar la viabilidad de la unión monetaria europea.

No es fácil decirlo porque no soy euroescéptico. A diferencia de otros, como mi colega de la Universidad de Harvard, Martin Feldstein, que argumenta que Europa no es una zona monetaria natural, pienso que esa unión está justificada en el contexto de un proyecto europeo más amplio que ha hecho hincapié –y aún lo hace- en la creación de instituciones políticas que van de la mano con la integración económica.

La mala suerte de Europa es que ha sido golpeada por la peor crisis financiera que haya habido desde los años treinta, cuando apenas está a medio camino de su proceso de integración. La eurozona estaba muy integrada como para que los efectos de contagio transfronterizos no causaran caos en las economías nacionales, pero no lo suficientemente integrada como para tener la capacidad institucional necesaria para gestionar la crisis.

Consideremos lo que pasa cuando bancos en Texas, Florida o en California toman malas decisiones de crédito que amenazan su supervivencia. Si los bancos son meramente ilíquidos, la Reserva Federal en Washington está lista para intervenir como institución de crédito de último recurso. Si se les considera insolventes pueden declararse en quiebra o las autoridades federales asumen el control mientras que el Organismo Federal de Garantía de los Depósitos Bancarios (FDIC por sus siglas en inglés) compensa a los depositantes.