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La Gran Bretaña desagradable de Theresa May

LONDRES – La Primera Ministra británica Theresa May advirtió una vez a sus compañeros conservadores sobre el riesgo de acabar siendo conocidos como el “partido desagradable”. Sin embargo, tras 100 días en el gobierno corre peligro de ir más allá todavía, convirtiendo al Reino Unido en “el país desagradable”.

En apenas unos meses, May ha lanzado diatribas contra las “elites internacionales” y ha decidido priorizar los controles migratorios por sobre el acceso al mercado único en las negociaciones de la salida de su país de la Unión Europea. Hace poco, hasta se amenazó a las compañías con tener que proporcionar una lista de sus empleados extranjeros. Y los 3,5 millones de ciudadanos europeos que se han asentado en el Reino Unido han quedado en la incertidumbre de si el gobierno de May garantizaría sus derechos de residencia.

No pasó mucho tiempo antes de que la normalización de la retórica nacionalista afectara las vidas cotidianas de la población inmigrante de Gran Bretaña. De hecho, casi inmediatamente después del referendo del Brexit en junio comenzaron a proliferar crímenes de odio, incluso antes de que May llegara al gobierno. Su actitud parece un síntoma, más que una causa, de un resurgimiento general del autoctonismo en el país.

El resurgimiento ha ocurrido de manera más bien rápida. Hace unos pocos años, en los Juegos Olímpicos de 2012 de Londres, el Reino Unido mostraba al mundo un rostro muy distinto: acogedor, bien conectado y confiado en su diversidad. El arranque de política identitaria actual parece reflejar una reacción contra todo ese espíritu de apertura. De hecho, el país parece estar oscilando entre inclusión y exclusión, como ha sido por más de cuatro décadas.