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El mundo después de Bush

LONDRES – Hay una pintura maravillosa de Brueghel en una galería de arte de Bruselas. El poeta británico W.H. Auden quedó lo suficientemente impresionado como para escribir un poema sobre el cuadro.

La pintura muestra a Icaro, con las alas fundidas, desplomándose en una tumba llena de agua. Nadie parece muy interesado. El mundo sigue su curso, los campesinos no cesan de arar sus campos, continúan adelante con sus vidas. No demuestran ningún interés por la dramática caída de Icaro.

Muchas veces la vida real parece seguir haciendo tic-tac, sin importar los titulares de los diarios ni los acontecimientos decisivos. De modo que el presidente George W. Bush regresará a Crawford, Texas, a fin de año. ¿Alguien se dará cuenta? ¿A alguien le importa? Con sus alas calcinadas desde Irak hasta Guantánamo, Bush ya parece historia del pasado; sus asistentes cuidadosamente guían a las audiencias a las primeras filas en los eventos públicos, pero la falta de interés en lo que está haciendo y diciendo se vuelve demasiado obvia.

La razón por la que deberíamos prestarle más atención a su partida no es lo que permitirá su ausencia, sino lo que permanecerá absolutamente igual. Consideremos cuatro ejemplos.