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La lucha del Banco Mundial contra la corrupción continúa

La reciente turbulencia en torno a la dimisión de Paul Wolfowitz de la Presidencia del Banco Mundial ha subrayado la necesidad de seguir adelante con el programa de gestión idónea de los asuntos públicos y lucha contra la corrupción. Es necesario no sólo por el bien del propio Banco, sino también y con mayor razón por el bien de los pobres de los países en desarrollo, cuyo acceso a los servicios públicos y a las oportunidades para una vida mejor resulta socavado por la gestión deficiente y el soborno.

Algunos han indicado que la marcha del Presidente es consecuencia de haber alborotado demasiado con su programa anticorrupción. Sencillamente, no es cierto. La crisis en la dirección no ha sido el reflejo de un debilitamiento del compromiso con el programa de gestión idónea de los asuntos públicos por parte de los profesionales del Banco o de los países y las partes interesadas con los que trabajamos. Al contrario, ese programa de gestión idónea de los asuntos públicos y lucha contra la corrupción precede a la persona que estaba al timón de la institución y continúa después de que lo haya abandonado.

El Banco comenzó a centrar sus medidas en la mejora de la gestión de los asuntos públicos y la lucha contra el soborno hace diez años. En 1996, el entonces Presidente del Banco, James Wolfensohn transgredió el tabú de no mencionar nunca la corrupción y consideró el ampquot;cáncer de la corrupciónampquot; una carga muy gravosa para los pobres de los países en desarrollo.

A lo largo del último decenio, los gobiernos, la sociedad civil, el sector privado y la comunidad internacional han concedido la máxima prioridad a la mejora de la gestión de los asuntos públicos y la lucha contra la corrupción, que se reflejan en los préstamos del Banco Mundial. Actualmente los préstamos del Banco destinados a la gestión de los asuntos públicos y sectores conexos ascienden a 4.500 millones de dólares, aproximadamente, es decir, casi el 20 por ciento del total de préstamos.