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La lucha en Egipto y más allá de él

LONDRES – Los acontecimientos que movieron al ejército de Egipto a destituir al Presidente Mohamed Morsi lo habían colocado ante una alternativa simple: intervención o caos. Diecisiete millones de personas en la calle no son lo mismo que unas elecciones, pero se trata de una manifestación colosal del poder del pueblo.

Los Hermanos Musulmanes de Morsi no fueron capaces de pasar de ser un movimiento de oposición a ser un partido de gobierno. Naturalmente, los gobiernos gobiernan mal o bien o medianamente, pero este caso es diferente. La economía de Egipto está hundiéndose. La ley y el orden normales han desaparecido prácticamente. Los servicios no funcionan adecuadamente.

Los ministros hicieron todo lo posible por su parte. Hace unas semanas, me reuní con el ministro de Turismo, que me pareció excelente y tenía un plan sensato para reanimar el sector. Al cabo de pocos días, dimitió, después de que Morsi adoptara la alucinante medida de nombrar gobernador de la provincia de Luxor (uno de los destinos turísticos principales) a un miembro del grupo responsable del ataque terrorista de 1997 –el peor de todos los habidos en Egipto–, en el que murieron más de 60 turistas que visitaban Luxor.

Ahora el ejército afronta la delicada y ardua tarea de volver a dirigir el país hacia la vía de unas elecciones y un rápido regreso al gobierno democrático. Hemos de esperar que pueda hacerlo sin más derramamiento de sangre. Sin embargo, alguien tendrá que administrar y gobernar entretanto, lo que entrañará la adopción de algunas decisiones duras e incluso impopulares. No será fácil.