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El titán fatigado

PARÍS – La actual “guerra de divisas” que probablemente dominará las discusiones en la próxima cumbre del G-20 en Seúl se tiene que analizar en el contexto del nuevo panorama de poder –un panorama que se ha transformado, tan sólo en dos años, debido a la primera crisis de la economía globalizada.

Las consecuencias económicas de la crisis han dejado a una serie de países desarrollados en una depresión severa y luchando para lograr una recuperación saludable. En contraste, los países con mercados emergentes, después de un breve retroceso, han logrado volver a encender sus motores de crecimiento y están avanzando con toda fuerza acumulando tasas de crecimiento impresionantes.

También han habido consecuencias monetarias y financieras. Aunque ninguna moneda reúne aún las condiciones para remplazar al dólar como moneda de transacción y reservas mundiales, “este privilegio exorbitante”, como señaló Charles de Gaulle, ha sido objeto de ataques furtivos. En marzo de 2010, el grupo de la ASEAN+3, que incluye a China, Japón y Corea del Sur, estableció un fondo de reserva de 120,000 millones de dólares en virtud de la denominada “Iniciativa Chiang Mai.” Esta vez, a diferencia de 1997, los Estados Unidos ni siquiera intentaron atacar este “Fondo de divisas asiático” embrionario.

Después de manejarlo bien al principio, Europa cayó en aguas turbulentas cuando se tuvo que enfrentar con la perspectiva de impago de la deuda pública por parte de Grecia. La crisis de la crisis mostró la frágil gobernanza de la eurozona y revivió las dudas sobre la viabilidad de una unión monetaria con grandes diferencias de competitividad entre sus miembros.