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Las guerras de austeridad

LONDRES – Cada vez soy menos optimista sobre las perspectivas de una rápida recuperación de la recesión global. La expansión fiscal coordinada (5 billones de dólares) de los principales gobiernos del mundo detuvo la caída, pero no produjo una mejoría saludable. Una reciente portada del semanario The Economist resume el sentimiento de frustración actual en el título de su portada: “Grow, dammit, grow.”(¡Maldita sea! crece).

Hay dos motivos para el pesimismo. El primero es el retiro prematuro de las medidas de “estímulo” que acordó el G-20 en abril de 2009 en Londres. Ahora, todos los países principales están dedicados a reducir sus déficits presupuestales.

El segundo motivo es que no se ha hecho nada para abordar el problema de los desequilibrios de cuenta corriente. En efecto, los comentarios que se escuchan actualmente sobre guerras de divisas que conducen a guerras comerciales recuerdan la desastrosa experiencia de los años treinta.

El problema de los desequilibrios de cuenta corriente está estrechamente vinculado al exceso de ahorro a nivel mundial. Una parte del mundo, encabezada por China, gana más de lo que gasta, mientras que otra parte, los Estados Unidos en particular, gasta más de lo que gana. Mientras los países con excedentes inviertan en los países deficitarios, estos desequilibrios no plantean problemas macroeconómicos.