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La guerra contra la "democratización"

Las guerras en el Líbano y en Gaza constituyen una grave amenaza para la reforma democrática en el Mediterráneo meridional. Dichas guerras están infligiendo un duro castigo precisamente a los pueblos que han celebrado elecciones plenamente libres y justas en esa región, al tiempo que erosionan la legitimidad de la democracia de Israel.

En el momento de su "revolución del cedro" el año pasado, se puso al Líbano como el mejor ejemplo hasta entonces de democratización en el mundo árabe. El entusiasmo con el que la comunidad internacional acogió esos cambios parece ahora prácticamente olvidado, cosa que también se puede decir de las recientes elecciones de Palestina: otra exigencia internacional ya antigua.

La señal que se está enviando es clara: es preferible que Israel, el único Estado de la región que se atiene al imperio de la ley, esté rodeado por regímenes autoritarios en los que los resultados políticos son previsibles que por Estados democráticos en los que los islamistas pueden alcanzar el poder. Ocurrió en Palestina y podría ocurrir perfectamente en Egipto, si se celebraran elecciones libres y justas. A consecuencia de ello, los gobiernos nacionalistas árabes se sienten justificados para resistirse a una reforma política en serio y reprimir toda oposición democrática, en particular los movimientos islamistas en aumento.

Pero ahora debería estar claro para todo el mundo que la democratización en el Mediterráneo meridional no puede pasar por alto los movimientos islamistas y que el éxito de ese proceso depende en gran medida del grado en que esté garantizada su participación plena en el ruedo político.