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El muro que bloquea la hoja de ruta

La hoja de ruta hacia la paz entre israelíes y palestinos topa con innumerables desvíos sangrientos. Pocos israelíes abrigan la esperanza de que el Primer Ministro palestino Mahmud Abbas brinde seguridad a Israel o de que aplique reformas políticas y financieras de gran alcance. Pocos palestinos abrigan la esperanza de que el Primer Ministro israelí Ariel Sharon les brinde lo que quieren: la paralización de la construcción y expansión de los asentamientos y la creación, en última instancia, de un Estado palestino en verdad soberano en un territorio con contigüidad.

En una encuesta de opinión entre israelíes y palestinos sobre la hoja de ruta, Yaakov Shamir, de la Universidad Hebrea, y yo descubrimos que sólo el 15 por ciento de los palestinos convenían en que Sharon mantendría los compromisos de Israel, mientras que sólo el 30 por ciento de los israelíes creía que Abu Mazen cumpliría la parte palestina del acuerdo.

La seguridad sigue siendo, para las dos partes, el componente decisivo en la primera fase de la hoja de ruta. La hoja de ruta pide a los palestinos la adopción de medidas que pongan fin a la violencia. Un primer logro palestino ha sido un acuerdo sobre un cese del fuego entre todas las facciones, incluidos Hamas y la Yihad Islámica (si bien los dos grupos reclaman el derecho a tomar represalias por los ``asesinatos selectivos'' de sus dirigentes por parte de Israel).

Pero la hoja de ruta estipula que las autoridades palestinas deben adoptar otras medidas, entre ellas la detención de las personas que planeen o lleven a cabo ataques violentos y el ``desmantelamiento de las capacidades e infraestructura terroristas'', incluida la confiscación de las armas ilegales de los grupos armados. Los servicios de seguridad palestinos están descubriendo que carecen de capacidad para hacerlo sin arriesgarse a desencadenar una guerra civil.