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El valor del punto azul pálido

Melbourne – El filósofo alemán del siglo XVIII Immanuel Kant escribió: ampquot;Dos cosas llenan el corazón de un temor y una reverencia siempre renovados y crecientes, cuanto más periódica y constantemente meditamos sobre ellas: el firmamento estrellado arriba y la ley moral en nuestro interiorampquot;.

Este año, el 400 aniversario del primer uso de un telescopio por parte de Galileo, ha sido declarado el Año Internacional de la Astronomía, de modo que parece un buen momento para reflexionar sobre la primera fuente de ampquot;temor y reverenciaampquot; de Kant. De hecho, el objetivo de la conmemoración -ayudar a los ciudadanos del mundo a ampquot;redescubrir su lugar en el universoampquot;- ahora tiene el beneficio incidental de distraernos de cosas desagradables más cerca de casa, como la gripe porcina y la crisis financiera global.

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¿Qué nos dice la astronomía sobre ampquot;el firmamento estrellado arribaampquot;?

Al ampliar nuestro conocimiento de la vastedad del universo, la ciencia, si hizo algo, fue aumentar el temor y la reverencia que sentimos cuando miramos para arriba en una noche estrellada (es decir, suponiendo que nos hemos alejado lo suficiente de la contaminación ambiental y la excesiva iluminación callejera como para poder ver bien las estrellas). Pero, al mismo tiempo, nuestro mayor conocimiento seguramente nos obligue reconocer que nuestro lugar en el universo no es particularmente importante.

En su ensayo ampquot;Sueños y realidadesampquot;, el filósofo Bertrand Russell escribió que toda nuestra galaxia Vía Láctea es un fragmento diminuto del universo y que, dentro de este fragmento, nuestro sistema solar es ampquot;una mota infinitesimalampquot;, y dentro de esta mota ampquot;nuestro planeta es un punto microscópicoampquot;.

Hoy, no necesitamos basarnos en ese tipo de descripciones verbales sobre la importancia de nuestro planeta dentro de nuestra galaxia. El astrónomo Carl Sagan sugirió que la sonda espacial Voyager capturara una imagen de la Tierra cuando alcanzaba los márgenes externos de nuestro sistema solar. Lo hizo, en 1990, y la Tierra aparece en una imagen granulada como un punto azul pálido. Si uno va a YouTube y busca ampquot;Carl Sagan - Pale Blue Dotampquot; (punto azul pálido en inglés), puede verlo, y hasta escuchar al propio Sagan diciéndonos que debemos querer a nuestro mundo porque todo lo que los humanos alguna vez valoraron existe solamente en ese punto azul pálido.

Es una experiencia conmovedora, ¿pero qué debemos aprender de ella?

Russell a veces escribía como si el hecho de que seamos una simple mota en un universo vasto demostrara que en realidad no somos tan importantes: ampquot;En este punto, pequeños grumos de carbón impuro y agua, de estructura complicada, con propiedades físicas y químicas un tanto inusuales, avanzan lentamente durante unos pocos años, hasta que se vuelven a disolver en los elementos de los cuales están compuestosampquot;.

Sin embargo, ninguna visión tan nihilista de nuestra existencia surge del tamaño de nuestro hogar planetario, y el propio Russell no era un nihilista. El pensaba que era importante confrontar el hecho de nuestro lugar insignificante en el universo, porque no quería que viviéramos en la comodidad ilusoria de creer que de alguna manera el mundo había sido creado para nosotros, y que estamos bajo el cuidado benevolente de un creador todopoderoso. ampquot;Sueños y realidadesampquot; concluye con estas palabras conmovedoras: ampquot;Ningún hombre está liberado del miedo si no se atreve a ver su lugar en el mundo tal cual es; ningún hombre puede alcanzar la grandeza de la que es capaz hasta que se permita ver su propia pequeñezampquot;.

Después de la Segunda Guerra Mundial, cuando el mundo se dividió en campos nuclearmente armados que se amenazaban entre sí con una destrucción mutua, Russell no era de la idea de que nuestra insignificancia, si se la considera frente a la vastedad del universo, significaba que el fin de la vida en la Tierra no importaba. Por el contrario, hizo del desarme nuclear el principal foco de su actividad política por el resto de su vida.

Sagan adoptó una visión similar. Si bien mirar a la Tierra como un todo disminuye la importancia de cosas como las fronteras nacionales que nos dividen, decía, también ampquot;subraya nuestra responsabilidad para tratarnos más amablemente entre nosotros, y preservar y querer al punto azul pálido, el único hogar que hemos conocidoampquot;. Al Gore utilizó la imagen del ampquot;punto azul pálidoampquot; en el final de su película ampquot;Una verdad incómodaampquot;, donde sugería que si destruimos este planeta, no tenemos otra parte adonde ir.

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Probablemente sea verdad, aunque los científicos hoy están descubriendo otros planetas fuera de nuestro sistema solar. Tal vez un día descubramos que no somos los únicos seres inteligentes en el universo, y tal vez podamos discutir cuestiones de ética entre especies con esos otros seres.

Eso nos remonta nuevamente al otro objeto de reverencia y temor de Kant, la ley moral en nuestro interior. ¿Qué pensarían de nuestra ley moral seres con un origen evolutivo completamente diferente del nuestro, que quizá ni siquiera sean formas de vida basadas en el carbón?