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La política de los Estados Unidos, propia del Tercer Mundo

CAMBRIDGE – Una vez concluida la elección presidencial, los Estados Unidos pueden por fin tener un respiro después de tanta política de campaña, al menos por algún tiempo, pero queda pendiente una pregunta incómoda: ¿cómo es posible que el país más poderoso del mundo y su democracia ininterrumpida más antigua exhiba unas formulaciones políticas que recuerdan más a un Estado africano fallido?

Tal vez sea una evaluación demasiado severa de las nacientes democracias de África. Si cree el lector que exagero, no habrá prestado bastante atención. El halago a los grupos extremistas, el rechazo de la ciencia, las mentiras y distorsiones descaradas y la desatención a las cuestiones reales que han caracterizado el ciclo electoral más reciente representa un nuevo nivel mínimo para la política democrática.

No cabe duda de que los peores culpables son los republicanos de los Estados Unidos, cuyos dirigentes han quedado en cierto modo embelesados por ideas que resultan intolerables en otros países avanzados. De los doce candidatos presidenciales de ese partido, sólo dos (Mitt Romney y Jon Hunstsman) se negaron a rechazar las pruebas científicas relativas al calentamiento planetario y sus causas humanas, pero, cuando  lo apremiaron al respecto, Romney se sintió lo bastante incómodo sobre su posición como para titubear.

Tampoco la teoría darwiniana de la evolución ha estado bien vista entre los republicanos. Rick Perry, gobernador de Texas y anterior favorito en las primarias republicanas, la llamó una simple “teoría que corre por ahí”, mientras que el propio Romney ha tenido que sostener que no es incompatible con el creacionismo, la idea de que una fuerza inteligente concibió el universo y lo creó.