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La divisoria de los Estados Unidos en materia de atención de salud

BERKELEY – En 1883, el autoritario gobierno imperial del príncipe Otto von Bismark, a quien se debe esta famosa declaración: “Las grandes cuestiones de nuestro tiempo no se decidirán con discursos y votaciones mayoritarias (...) sino con sangre y hierro”, creó el seguro nacional de salud para Alemania.

La razón para la existencia de un seguro nacional de salud está tan clara ahora como lo estaba para Bismark hace 130 años. El éxito de un país –ya se calibre con la gloria de sus káiseres, la ampliación de su territorio, la seguridad de sus fronteras o el bienestar de su población– estriba en la salud de sus ciudadanos.

Las enfermedades graves pueden afectar a cualquiera y las personas gravemente enfermas, por lo general, no ganan mucho dinero. Cuanto más se tarde en tratar a las personas gravemente enfermas, más costosos llegarán a ser su tratamiento y su mantenimiento posteriores.

Por lo general, los ahorros privados pueden pagar los costos del tratamiento sólo en el caso de las personas ahorrativas y de las adineradas. Así, pues, a no ser que adoptemos la opinión de que quienes no tienen ahorros abundantes y caen gravemente enfermos deben morir rápidamente (y con ello disminuir el exceso de población), un país con un seguro nacional de salud será más rico y tendrá más éxito. Esos argumentos fueron enteramente convincentes para Bismark. Son igualmente convincentes actualmente.