Paul Lachine

La desintegración de la paz de Europa

COPENAGÜE – La Comisión Europea recientemente difundió medidas largamente esperadas para acercar a los países vecinos del Mediterráneo y la ex Unión Soviética a Europa. El mismo día, otro departamento de la misma Comisión presentó propuestas destinadas a poner fin a los programas de exención de visado para algunos ciudadanos no europeos. A pocos se les pasó por alto la ironía de formular dos planes que apuntaban en direcciones opuestas.

Atraer a los vecinos ha sido durante mucho tiempo una aspiración noble -y una suerte de especialidad europea-. El abrazo de la Unión Europea a las repúblicas post-comunistas en Europa central representó un símbolo muy contundente del alcance de la democracia liberal occidental.

En el vecindario de hoy, donde la expansión de la UE no es una posibilidad, Europa espera apuntalar su presencia abriendo su enorme mercado interno y aumentando la asistencia. De manera crucial, las recientes propuestas de la Comisión incluyen la creación de "sociedades de movilidad" con Túnez, Marruecos y Egipto, destinadas a facilitarle los viajes a la gente de negocios y a los estudiantes locales.

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