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La ONU se hace cargo

NUEVA YORK – Mientras los debates acerca de los “brotes de recuperación” siguen imperturbables en los Estados Unidos, en muchos países, y especialmente en el mundo en desarrollo, las cosas están empeorando. La recesión estadounidense comenzó con el descalabro del sistema financiero, que se tradujo rápidamente en una caída de la economía real. Sin embargo, en el mundo en desarrollo ocurre justo lo contrario: un declive de las exportaciones, menores remesas, menor inversión extranjera directa y fuertes caídas de los flujos de capital, todo lo cual ha debilitado la economía. Como resultado, incluso los países con buenos sistemas regulatorios enfrentan problemas en sus sectores financieros.

El 23 de junio la Organización de las Naciones Unidas realizó una conferencia acerca de la crisis económica global y sus efectos en los países desarrollados. Se llegó a un consenso sobre las causas de la recesión y por qué estaba afectando tanto a los países en desarrollo. Se esbozaron algunas de las medidas que se deberían considerar y se creó un grupo de trabajo para explorar las vías de salida, posiblemente con la ayuda de un grupo de expertos creado recientemente.

El acuerdo fue notable: al brindar lo que, en muchos sentidos, fue una articulación más clara de la crisis y lo que se debe hacer ante ella que lo que surgido en la cumbre del G-20, las ONU demostró que la toma de decisiones no tiene por qué limitarse a un club cuyos miembros se han seleccionado entre si, careciendo de legitimidad política, y que en gran medida está dominado por quienes, de hecho, han sido importantes responsables del origen de la crisis. De hecho, el acuerdo mostró el valor de un enfoque más incluyente; por ejemplo, haciendo preguntas clave que podrían ser demasiado delicadas en el terreno político como para que las planteen algunos de los países más grandes, o señalando inquietudes que tengan resonancia para los más pobres, incluso si son menos importantes para los más ricos.

Uno podría haber pensado que Estados Unidos debería haber adoptado un papel protagónico, puesto que la crisis surgió en su seno. De hecho, el Tesoro de EE.UU. (incluidas algunas autoridades que en la actualidad forman parte del equipo económico del Presidente Barack Obama) impulsó la liberalización de los mercados financieros y de capitales, lo que causó el rápido contagio de los problemas estadounidenses a todo el planeta.