La herejía de la ONU

No hay organización más respetada que las Naciones Unidas. Quizás eso sea natural, ya que la ONU encarna los más nobles sueños de la humanidad. Pero, como lo demuestra el actual escándalo que rodea la administración por parte de la ONU del programa de petróleo por alimentos en Irak, y en momentos en que el mundo recuerda el genocidio de Ruanda que comenzó hace 10 años, el respeto hacia la ONU se debe ver como algo parecido a una superstición, con el Secretario General Kofi Annan como su falso profeta.

Desde Dag Hammarskjöld, ningún jefe de la ONU ha sido tan aclamado como Annan. Hasta cierto punto, esto es comprensible. Por lo general, Annan mantiene un porte sereno y digno. Tiene encanto y, según dicen varios, carisma. Pero un líder debería ser juzgado por sus acciones cuando hay asuntos importantes en juego. Casi invariablemente, se restó importancia a los fracasos de Annan en tales situaciones.

Entre 1993 y 1996, Annan fue Asistente del Secretario General para las Operaciones de la ONU de Mantenimiento de la Paz, y posteriormente fue Subsecretario General. Uno de los grandes desastres de los que es responsable en gran parte es el genocidio por parte de los Serbios de 7.000 personas en la ciudad bosnia de Srebrenica, quizás la peor masacre de posguerra en Europa.

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