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Los comodines nacionales de Europa

DUBLIN – Las necesidades de Europa y los deseos de los europeos están enfrentados. En un momento en el que se necesita una acción fuerte y coordinada para evitar el colapso financiero en la Unión Europea, el respaldo popular que generó la integración europea en las últimas seis décadas se está desvaneciendo.

Después de casi 70 años de paz, los europeos parecen haber olvidado por qué la unidad era tan importante y se dejan llevar por un sentimiento nacionalista sin considerar sus posibles consecuencias. Al mismo tiempo, no llegan a entender que sus economías están demasiado interconectadas como para que funcione una política económica independiente.

Esta incapacidad tiene sus raíces en el confinamiento de la política electoral a cada país, lo que obliga a los políticos a fingir que pueden ocuparse de las cuestiones económicas sólo con políticas nacionales. De hecho, los políticos no enfrentan ninguna presión electoral para emprender una acción más amplia, aun si esto reportara beneficios domésticos.

Ahora la crisis del euro está obligando a los líderes de la UE a encarar cambios institucionales -concretamente, la creación de una unión bancaria, fiscal y política- que han venido postergando desde hace mucho tiempo. Pero, si bien los estados miembro deben acordar de manera unánime respecto de todas las decisiones fundamentales, sus mandatos los obligan a ver las cuestiones de la UE a través del prisma del interés nacional. La política de riesgo calculado y las negociaciones que este enfoque alienta imposibilitan que se desarrollen y se presenten visiones paneuropeas a la población.